El fin de semana pasado, a pesar del invierno recalcitrante que no le afloja a la lluvia por más de un día (¿siento más frio por el famoso cambio climático o por la incipiente vejez que se va acomodando en mi cuerpo sin que mi voluntad le importe un carajo?) decidí ir a la feria de Tristán Narvaja. Un buen plan de hibernación debe incluir un par de tomos bastante gruesos, de hojas gastadas y tinta vieja, que entretengan al lado de la raquítica estufa halógena a la que solo le funciona un panel y está pidiendo cambio hace dos temporadas, pero mi mente me juega trucos y se hace trampas al solitario: desde los primeros días fríos de abril le avisé a mi cerebro que tenía que recordar comprar algún libro para el invierno (gordo, incómodo y casi impenetrable, como deben ser), pero hete aquí que mi alarma mental me devolvió la información recién a fines de junio. Si-seré-boludo-no-aprendo-más fue el siguiente pensamiento que se instaló, pero el dilema ya se había planteado: debía abandonar la compañía de la recientemente mencionada raquítica estufa y marchar a la calle y su frío.
¡Oh arte perdido el de crear un objeto con un montón de canciones con cierta unidad temática en la mente de su creador!
Incluso hay cánones en el tema: la revista Rolling Stone ya se ha elegido las 500 mejores canciones de rock, los 100 mejores álbums de la historia, y los 50 mejores grupos de todos los tiempos. Y se han discutido miles de veces en miles de foros los errores y aciertos de esas listas, además de la propia idea detrás de la lista, la gran pregunta filosófica de si es posible determinar que una canción es mejor que la otra, pues ambas son obras de arte, y como tales su apreciación depende del gusto del que escucha, que no se puede medir de forma cuantitativa, por lo que la idea de una lista con los “mejores” es una pésima idea, pues no se puede determinar que cierta obra es “mejor” que otra, sino simplemente “diferente” y del mismo valor, a menos que elijamos algún criterio estético absurdo y arbitrario.
Pero todos seguimos un criterio estético absurdo y arbitrario: nuestros propios gustos. Nos encanta elegir, es una parte integral de escuchar música. Nos encanta decidir que cierta canción o cierto grupo es “el mejor”, y nos llegamos a creer nuestro propio verso de que ese grupo es el mejor a tal punto de que quienes no coinciden con nosotros tienen alguna falla en el cerebro. Nos armamos listas y listas de todo estilo. Y de vez en cuando a esas listas les ponemos nombres, les ordenamos las canciones…y nace el mix-tape.
El mix-tape nace con los cartuchos de 8 pistas, cuando nuestros padres se grababan las canciones que pasaban en la radio. Con el tiempo, y con los grabadores para dos casetes, se empezaron a popularizar las copias caseras de canciones.
Estas listas tienen casi siempre alguna unidad temática, que puede ser cualquier cosa, pero suele ser la mejor música que uno está escuchando ese momento, por lo que con el paso del tiempo uno se puede sentir un poco ridículo o infantil al ver las listas que nos fuimos armando con el paso del tiempo. Pero claro, mirando para atrás siempre nos vamos a sentir un poco avergonzados de nuestro pasado, pero al mismo tiempo la nostalgia hace que veamos a la música que escuchábamos como el soundtrack de una edad más inocente y llena de posibilidades.
Otro aspecto importante del mix-tape es su carácter ilegal: como se acumulan canciones con copyright, muchas veces de distintos sellos, es prácticamente imposible encontrar un mix-tape que no infrinja alguna ley de derechos de autor. Su carácter pirata y clandestino es parte de su encanto. Una prueba de cuánto los mix-tapes hacen rechinar los dientes de las discográficas es el cierre del sitio Muxtape. En el mismo, cualquiera podía entrar y armarse una lista, subir las canciones para que sean escuchadas, y compartirlas con el mundo. La popularidad del sitio llevó a su creador a buscar un acuerdo con las discográficas para que el sitio siguiera vivo. Lamentablemente, sus intentos fallaron, y en el sitio solo queda la imagen que ilustra este post.
Uno podría pensar que las mix-tapes están muertas en la era digital, una época en la que el formato físico en el que se transporta la música es cada vez más insignificante, pero la popularidad de sitios como Muxtape, mixtape.me y mixtapekings.com prueban dos cosas: a) a la gente que escucha música le encanta hacer selecciones con sus canciones favoritas, y b) a la gente le encanta escuchar música que ha sido seleccionada con cariño y dedicación por otra persona.
Por lo tanto, proclamamos: ¡larga vida al mix-tape!
Se sube el telón.
El autor mira a la audiencia:
¿Quién dijo que tener dos blogs era fácil?
La audiencia no emite sonido
El autor continúa hablando.
¿Nadie? Ah bueno, me pareció haberlos escuchado decir algo de ese estilo.
El tema es que he estado pasando tanto trabajo con darle contenido a Sindrome del Embole, el proyecto colectivo con Anathema y MartínR, que no he podido actualizar este blog. Dejo, a modo de premio consuelo, enlaces a los mejores posts que he escrito para ese blog últimamente.
La audiencia aplaude
He aquí los enlaces:
¿Está Google haciendonos estúpidos? Parte 1
¿Está Google haciéndonos estúpidos? Parte 2
¿Qué es el lipdub? Una guía rápida.
Coleccionando memes. Hoy: memes visuales.
Una guóa a miles de memes.
Qué es el fútbol.
Sobre ilusionarse (y desilusionarse)
El autor agradece a la audiencia, mientras la cortina va cayendo.
La audiencia es buena y comenta, aunque no haya mucho para comentar
Con Anathema se nos ocurrió el año pasado abrir un blog que se actualizara diariamente, escrito a cuatro manos y que durara exactamente un año. Y exactamente el primero de marzo lo abrimos. Y resulta que está ahí, ocupando un http en el ciberespacio. Los invito a visitarnos:
Además, el que no postea cuando le toca, pasa a deberle una cerveza al otro, así que en junio hacemos una reunión y nos bajamos unas cuantas cervezas a cuenta de Anathema. Salud!
Además, el que no postea cuando le toca, pasa a deberle una cerveza al otro, así que en junio hacemos una reunión y nos bajamos unas cuantas cervezas a cuenta de Anathema. Salud!
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