1.
-¿Usted no me conoce? –Me dijo el muchacho, de unos veinte años, parado al lado de mi mesa. Bajé el diario y lo miré.
-No, no lo conozco.
-¿Está seguro?
Lo quedé mirando. Estoy demasiado viejo para hijos no reconocidos, pensé. Y también estoy demasiado viejo para elegir a mis amigos, me dije, así que lo invité a sentarse en la mesa. Parecía nervioso, miraba hacia todo el bar, como buscando algo, parecía que todo su cuerpo temblaba al mismo tiempo.
Se sentó. Miró mi grapa, y le pedí al mozo que me trajera una para él. Le he pagado grapas a embusteros y vividores, un muchacho asustado, a esta altura, no cambia nada. Se la tomó de un solo golpe. Le pedí otra.
-Disculpe –me dijo- Es que ando perdido. Hace días que ando buscando a alguien que me sepa decir algún dato, algo que me oriente. No tiene por qué pagar por lo que tomo, tengo todavía algunos pesos y puedo gastarlos en esto. Da lo mismo.
Le dije que no se preocupara, que yo era amigo de la casa y me cobraban poco y nada. El solo gesto de querer pagar, ante un desconocido y en un bar, ya delata algo: esa persona no es de ahí. Le pregunté a quién buscaba.
-Me busco a mí.
Ya sé que esas palabras, así escritas, pierden mucho de su contenido, pueden sonar pomposas y falsas, pero las dijo con tal gravedad, con tanta urgencia, con la mirada clavada en mis ojos, que no tuve más remedio que asentir y quedarme callado.
-Ya sé, ya sé, piensa que soy un loco. No lo culpo, no va a ser el primero, ni debo ser el primero que se le cruza por acá.
Le dije que, efectivamente, no era el primer loco al que veía en mi vida. También le dije que me parecía el loco más sano de los tantos que he visto.
Terminó la segunda grapa. Con esta se distrajo un poco más, jugó con el tiempo, no se apresuró en tomarla. Apenas la terminó le volvió el nerviosismo al cuerpo, empezó a mirar para todos lados. Todavía no podía decidir si había hecho lo que había hecho para conseguir tomar algo gratis o si de verdad quería conversar con alguien. Los locos suelen contarte su historia sin que se lo pidas, es lo que los diferencia del resto.
-Mire, amigo –le dije, ya tuteándolo- si quiere puede irse, pero ya es tarde en la noche, y no anda mucha gente en la calle, así que ¿por qué no se queda y me cuenta su historia?
-Mi historia…-dudó, se perdió en un pensamiento, y cuando volvió me dijo- Está bien, le contaré mi historia.
-Para eso estamos –le dije, y le pedí al mozo una picada, y que me arrimara la botella de grapa.
2.
-Yo le voy a contar lo que pueda, y le pido que no me interrumpa. No se lo digo de grosero, no quiero abusar de usted, después de todo es el que está pagando por todo esto, pero mi memoria no anda bien, tengo problemas recordando las cosas, se me escapan de la mente, como por una bolsa agujereada.
El muchacho se miraba las manos mientras hablaba, como si fuera de esas manos que se escapaban los recuerdos.
Después, empezó a hablar, bastante rápido, con las palabras atropellándose por salir, como quien cuenta algo aprovechando todo el aire que tiene, hasta sentirse vacío.
-Yo salí con dos amigos, en una noche calurosa como ésta, a recorrer las calles. Ya no me acuerdo como se llamaban mis amigos, así que pongámosle Verónica y Julio. Caminábamos aburridos, yo, según recuerdo, un poco más aburrido que ellos. Finalmente, compramos una cerveza y nos sentamos en la plaza que queda acá cerca. Ése era el fin de esa noche, como tantas otras, pero no lo era. Déjeme explicarle.
Le serví otro trago. Los tomaba casi más rápido de los que yo lo servía.
-Como le venía diciendo, cuando ya me estaba empezando a embobar el sueño, vi una luz naranja. No dije nada al verla, pero mis amigos me estaban mirando y siguieron la línea que marcaban en el aire mis ojos, y también lo vieron. Julio dice que aquello parece fuego. Qué raro, dije yo, raro porque no es común que alguien arme una fogata en la plaza, y raro porque hace rato que estábamos ahí y no habíamos visto nada. Y Verónica va y dice que vayamos hasta allí, y yo pensé “no, no voy a ir”. No se crea que ahora digo que no por lo que pasó después, no es la sabiduría del que ya sabe lo que pasó, no, yo en aquel momento me dije que ahí había algo raro, algo que era mejor dejar quieto, pero Verónica, tan curiosa como tonta, insistió.
>>Alrededor del fuego había unas pocas personas, y un viejo con una guitarra igual de vieja que él, la tocaba con pocas ganas y murmuraba una letra que apenas se escuchaba. Antes de poder decir nada, Verónica ya se había sentado en la ronda y nos miraba como esperando que nos sentáramos junto a ella. El viejo terminó la canción y dijo algo mirándonos, algo a lo que no presté atención, ya que en lo único que pensaba en ese momento era en irme a dormir. Ahora me arrepiento de no haber escuchado al viejo, pero qué se le va a hacer.
>>Noté que enfrente mío en la ronda había alguien mirándome fijo hace rato. No lo miraba porque, como dije, solo pensaba en terminar rápido la cerveza e irme a casa, no quería andar socializando con nadie, pero esos ojos no me dejaban en paz, así que lo miré, y fue ahí cuando pasó.
Y ahí se calló, y me miró a los ojos. Solo ahí me di cuenta de que me había perdido en lo que me estaba contando. Noté que el silencio en el bar era espeso. Éramos las últimas personas sentadas en el bar, todo el mundo se había ido y no nos habíamos (no me había) enterado. El Murcho, desde detrás de la barra, me miró y entendí que me quiso decir que estaba por cerrar. Asentí y miré de vuelta al muchacho, que estaba esperando a que dijera algo. Le dije lo único que se me ocurrió.
-¿Y qué fue lo que pasó?
3.
-No sé como explicarlo, porque no puedo explicármelo ni a mí, pero se que en un momento estaba mirando al de enfrente a los ojos, y en seguida, en el mismo momento, en un momento doblado en dos, me estaba mirando a mí mismo. Todo había dado una vuelta completa, ahora yo estaba enfrente. Me veía a mí, veía a mi cuerpo, pero sabía que esos ojos no eran los míos, eran los ojos que me estaban mirando desde enfrente hace un segundo. El susto que tenía era grande, pero más que susto era…estupefacción, no entendía nada. Ignorancia. Me intenté mover, y por poco no me caigo al piso. No puedo explicarle con palabras lo que fue intentar mover a un cuerpo que no era el mío, sentirse intruso en sus propios intentos de moverse. Con pasos torpes pude llegar a donde estaban mis amigos, me senté al lado de ellos e intenté hablarles, pero no podía, la garganta no me respondía. Toqué el brazo de Julio y lo miré con ojos suplicantes, pidiéndole que me reconociera. Tenían que darse cuenta que era yo, tenían que, pero no se dieron cuenta. Me miraban como a un loco. Verónica se paró, me gritó algo y se fue. Julio y el otro la siguieron. Y yo ahí sentado, teniendo problemas serios para poder moverme, y con la garganta cerrada. El otro me miró por última vez, con esos ojos ajenos a mi cuerpo, antes de seguir a mis amigos.
4.
-¿Y en tu casa no te reconocieron? –Se me ocurrió preguntarle.
-El problema…el problema es que no recuerdo donde vivo, o vivía. Las cosas se van yendo de mi mente, cada vez más, se hacen borrosas, imprecisas. Cada vez más difusas. Hoy sé que vivía en este barrio, que acá cerca era mi casa y que yo solía pasar por enfrente a este bar, pero mañana capaz que ya ni me acuerdo de eso. Hoy me acuerdo de que este no es mi cuerpo, pero mañana capaz que…
Esa frase no la quiso terminar. Yo tampoco quería terminarla por él.
-Desde entonces –retomó él la conversación- estoy buscando a alguien que me recuerde, antes de que me quede sin preguntas, antes de que me quede sin nada. Hágame un favor, pregunte por mi, estoy seguro de que de alguna manera alguien debe recordarme, debe ser posible encontrarme.
-¿Y pregunto por qué nombre?
Se quedó en silencio. Se miraba las manos, con el pulgar de una mano se acariciaba la palma de la otra.
-A decir verdad, ya ni de eso me acuerdo
La grapa ya se había terminado, la comida también. El Murcho estaba dando vuelta las sillas y pasando la escoba, arrastrando los restos de colilla y de comida a una sola pila gris. Miré al muchacho, a ese narrador de algo que no podía ser verdad pero que, de alguna manera, tenía que ser verdad. La desesperación que escondían y explicaban esas palabras lo decían todo.
-Bueno, gracias –me dijo, y se paró. Seguía sin saber qué decirle. Se fue caminando despacio hacia la puerta, atajándose en las mesas para que el mareo no lo llevara al piso.
Cuando ya estaba en la puerta, le dije:
-Con un poco de suerte nos encontramos de vuelta
-Si, con un poco de suerte –dijo resignado. Y se fue.
-¿Usted no me conoce? –Me dijo el muchacho, de unos veinte años, parado al lado de mi mesa. Bajé el diario y lo miré.
-No, no lo conozco.
-¿Está seguro?
Lo quedé mirando. Estoy demasiado viejo para hijos no reconocidos, pensé. Y también estoy demasiado viejo para elegir a mis amigos, me dije, así que lo invité a sentarse en la mesa. Parecía nervioso, miraba hacia todo el bar, como buscando algo, parecía que todo su cuerpo temblaba al mismo tiempo.
Se sentó. Miró mi grapa, y le pedí al mozo que me trajera una para él. Le he pagado grapas a embusteros y vividores, un muchacho asustado, a esta altura, no cambia nada. Se la tomó de un solo golpe. Le pedí otra.
-Disculpe –me dijo- Es que ando perdido. Hace días que ando buscando a alguien que me sepa decir algún dato, algo que me oriente. No tiene por qué pagar por lo que tomo, tengo todavía algunos pesos y puedo gastarlos en esto. Da lo mismo.
Le dije que no se preocupara, que yo era amigo de la casa y me cobraban poco y nada. El solo gesto de querer pagar, ante un desconocido y en un bar, ya delata algo: esa persona no es de ahí. Le pregunté a quién buscaba.
-Me busco a mí.
Ya sé que esas palabras, así escritas, pierden mucho de su contenido, pueden sonar pomposas y falsas, pero las dijo con tal gravedad, con tanta urgencia, con la mirada clavada en mis ojos, que no tuve más remedio que asentir y quedarme callado.
-Ya sé, ya sé, piensa que soy un loco. No lo culpo, no va a ser el primero, ni debo ser el primero que se le cruza por acá.
Le dije que, efectivamente, no era el primer loco al que veía en mi vida. También le dije que me parecía el loco más sano de los tantos que he visto.
Terminó la segunda grapa. Con esta se distrajo un poco más, jugó con el tiempo, no se apresuró en tomarla. Apenas la terminó le volvió el nerviosismo al cuerpo, empezó a mirar para todos lados. Todavía no podía decidir si había hecho lo que había hecho para conseguir tomar algo gratis o si de verdad quería conversar con alguien. Los locos suelen contarte su historia sin que se lo pidas, es lo que los diferencia del resto.
-Mire, amigo –le dije, ya tuteándolo- si quiere puede irse, pero ya es tarde en la noche, y no anda mucha gente en la calle, así que ¿por qué no se queda y me cuenta su historia?
-Mi historia…-dudó, se perdió en un pensamiento, y cuando volvió me dijo- Está bien, le contaré mi historia.
-Para eso estamos –le dije, y le pedí al mozo una picada, y que me arrimara la botella de grapa.
2.
-Yo le voy a contar lo que pueda, y le pido que no me interrumpa. No se lo digo de grosero, no quiero abusar de usted, después de todo es el que está pagando por todo esto, pero mi memoria no anda bien, tengo problemas recordando las cosas, se me escapan de la mente, como por una bolsa agujereada.
El muchacho se miraba las manos mientras hablaba, como si fuera de esas manos que se escapaban los recuerdos.
Después, empezó a hablar, bastante rápido, con las palabras atropellándose por salir, como quien cuenta algo aprovechando todo el aire que tiene, hasta sentirse vacío.
-Yo salí con dos amigos, en una noche calurosa como ésta, a recorrer las calles. Ya no me acuerdo como se llamaban mis amigos, así que pongámosle Verónica y Julio. Caminábamos aburridos, yo, según recuerdo, un poco más aburrido que ellos. Finalmente, compramos una cerveza y nos sentamos en la plaza que queda acá cerca. Ése era el fin de esa noche, como tantas otras, pero no lo era. Déjeme explicarle.
Le serví otro trago. Los tomaba casi más rápido de los que yo lo servía.
-Como le venía diciendo, cuando ya me estaba empezando a embobar el sueño, vi una luz naranja. No dije nada al verla, pero mis amigos me estaban mirando y siguieron la línea que marcaban en el aire mis ojos, y también lo vieron. Julio dice que aquello parece fuego. Qué raro, dije yo, raro porque no es común que alguien arme una fogata en la plaza, y raro porque hace rato que estábamos ahí y no habíamos visto nada. Y Verónica va y dice que vayamos hasta allí, y yo pensé “no, no voy a ir”. No se crea que ahora digo que no por lo que pasó después, no es la sabiduría del que ya sabe lo que pasó, no, yo en aquel momento me dije que ahí había algo raro, algo que era mejor dejar quieto, pero Verónica, tan curiosa como tonta, insistió.
>>Alrededor del fuego había unas pocas personas, y un viejo con una guitarra igual de vieja que él, la tocaba con pocas ganas y murmuraba una letra que apenas se escuchaba. Antes de poder decir nada, Verónica ya se había sentado en la ronda y nos miraba como esperando que nos sentáramos junto a ella. El viejo terminó la canción y dijo algo mirándonos, algo a lo que no presté atención, ya que en lo único que pensaba en ese momento era en irme a dormir. Ahora me arrepiento de no haber escuchado al viejo, pero qué se le va a hacer.
>>Noté que enfrente mío en la ronda había alguien mirándome fijo hace rato. No lo miraba porque, como dije, solo pensaba en terminar rápido la cerveza e irme a casa, no quería andar socializando con nadie, pero esos ojos no me dejaban en paz, así que lo miré, y fue ahí cuando pasó.
Y ahí se calló, y me miró a los ojos. Solo ahí me di cuenta de que me había perdido en lo que me estaba contando. Noté que el silencio en el bar era espeso. Éramos las últimas personas sentadas en el bar, todo el mundo se había ido y no nos habíamos (no me había) enterado. El Murcho, desde detrás de la barra, me miró y entendí que me quiso decir que estaba por cerrar. Asentí y miré de vuelta al muchacho, que estaba esperando a que dijera algo. Le dije lo único que se me ocurrió.
-¿Y qué fue lo que pasó?
3.
-No sé como explicarlo, porque no puedo explicármelo ni a mí, pero se que en un momento estaba mirando al de enfrente a los ojos, y en seguida, en el mismo momento, en un momento doblado en dos, me estaba mirando a mí mismo. Todo había dado una vuelta completa, ahora yo estaba enfrente. Me veía a mí, veía a mi cuerpo, pero sabía que esos ojos no eran los míos, eran los ojos que me estaban mirando desde enfrente hace un segundo. El susto que tenía era grande, pero más que susto era…estupefacción, no entendía nada. Ignorancia. Me intenté mover, y por poco no me caigo al piso. No puedo explicarle con palabras lo que fue intentar mover a un cuerpo que no era el mío, sentirse intruso en sus propios intentos de moverse. Con pasos torpes pude llegar a donde estaban mis amigos, me senté al lado de ellos e intenté hablarles, pero no podía, la garganta no me respondía. Toqué el brazo de Julio y lo miré con ojos suplicantes, pidiéndole que me reconociera. Tenían que darse cuenta que era yo, tenían que, pero no se dieron cuenta. Me miraban como a un loco. Verónica se paró, me gritó algo y se fue. Julio y el otro la siguieron. Y yo ahí sentado, teniendo problemas serios para poder moverme, y con la garganta cerrada. El otro me miró por última vez, con esos ojos ajenos a mi cuerpo, antes de seguir a mis amigos.
4.
-¿Y en tu casa no te reconocieron? –Se me ocurrió preguntarle.
-El problema…el problema es que no recuerdo donde vivo, o vivía. Las cosas se van yendo de mi mente, cada vez más, se hacen borrosas, imprecisas. Cada vez más difusas. Hoy sé que vivía en este barrio, que acá cerca era mi casa y que yo solía pasar por enfrente a este bar, pero mañana capaz que ya ni me acuerdo de eso. Hoy me acuerdo de que este no es mi cuerpo, pero mañana capaz que…
Esa frase no la quiso terminar. Yo tampoco quería terminarla por él.
-Desde entonces –retomó él la conversación- estoy buscando a alguien que me recuerde, antes de que me quede sin preguntas, antes de que me quede sin nada. Hágame un favor, pregunte por mi, estoy seguro de que de alguna manera alguien debe recordarme, debe ser posible encontrarme.
-¿Y pregunto por qué nombre?
Se quedó en silencio. Se miraba las manos, con el pulgar de una mano se acariciaba la palma de la otra.
-A decir verdad, ya ni de eso me acuerdo
La grapa ya se había terminado, la comida también. El Murcho estaba dando vuelta las sillas y pasando la escoba, arrastrando los restos de colilla y de comida a una sola pila gris. Miré al muchacho, a ese narrador de algo que no podía ser verdad pero que, de alguna manera, tenía que ser verdad. La desesperación que escondían y explicaban esas palabras lo decían todo.
-Bueno, gracias –me dijo, y se paró. Seguía sin saber qué decirle. Se fue caminando despacio hacia la puerta, atajándose en las mesas para que el mareo no lo llevara al piso.
Cuando ya estaba en la puerta, le dije:
-Con un poco de suerte nos encontramos de vuelta
-Si, con un poco de suerte –dijo resignado. Y se fue.
Post 2 de 8 de la serie: Mundos paralelos
Y es otra de las Historias del Bar del Murcho.
Y es otra de las Historias del Bar del Murcho.


20 Tienen la palabra:
¡Vaya relato!
Excelente...
Me ha gustadó mucho...
Logras muy bien meterme en la historia, en la atomesfera de la historia, pero sobre todo en la ansiedad del personaje...
Muy bien...
Saludos
Bismark
vos escribiste esto?...
notable señor, notable. permitame felicitarlo...permitame.
original historia y bien escrito. carajo-mierda...muy bien escrito.
no voy a decirte más nada, queda medio pedante decir este tipo de cosas. pero no puede pensar en otra cosa.
abrazo!!!
Muy atrapante,por un momento estaba en el personje que se había ofrecido a escuchar al desconocido.
Qué horror, qué horror que con una mirada te roben absolutamente TODO lo que uno da por sentado que es propio e inviolable...
ah... qué bien se siente esta bocanada de ficción por la mañana.
¡¡Excelente + + !!
:D
NeL!
Wow... coincido con patto, que bueno arrancar el día leyéndote! me encantó la historia... lográs transmitir y contagiar muy bien la confusión del personaje.
Abrazo!
Heyyyy !!!, excelente tu relato, me encantó.
No te tenía en ésta veta, lo hacés muy bien.
Un abrazo.
si bien no soy muy fana de la ficción está muy bien escrito, te felicito!!
Saludos!:)
¡Gracias a todos por comentar! Hace tiempo, mucho tiempo que no publicaba nada de lo que escribía, pero me alegra mucho que les haya gustado.
En el blog antes publicaba mucho más cuentos, sobre todo el año pasado hice mucho eso, pero me fui "desgastando" y la verdad es que me había quedado sin historias para contar.
En abril publiqué un cuento en siete partes que no gustó mucho, ni a los que lo leyeron ni a mí mismo, y después no escribí nada que lograra satisfacerme realmente, por eso me alegra mucho que esto les haya gustado, porque la verdad es que me dan ánimos de seguir con esto.
Por otro lado, Patto, qué raro que no me marcaste alguna falta en el texto, como hacías antes, voy a asumir que lo leíste muy dormido, porque siempre alguna se me cuela (es eso o asumir que no te gustó tanto, asi que mejor asumir eso :P)
Saludos a todos!
jajaja no no,
lo leí muy despierto.
Y lo pensé, pero dps lo volví a pensar y me dije: "está demasiado bueno para que yo vaya a romperle las pelotas con los detalles"
Pero bueno, no quisiera que te sientas mal leído, así que...
Si pedís la microcrítica, aquí la tenés:
"Parecía nervioso, miraba hacia todo el bar,"
Creo que te quedaste a medio camino entre "Miraba todo el bar" y "miraba hacia todos lados"
No sabría decir bien por qué, pero así como está genera un ligera turbulencia en la lectura.
"El solo gesto de querer pagar, ante un desconocido y en un bar, ya delata algo:"
el texto está todo en pasado, atención con los verbos! (delataba)
"Los locos suelen contarte su historia sin que se lo pidas"
Otra turbulencia (me puse quisquilloso, como verás)
Tal vez algo así sea más fluido:
"Los locos suelen contar su historia sin que se les pida"
"Los tomaba casi más rápido de los que yo lo servía."
Creo que sería así:
"Los tomaba casi más rápido de lo que yo los servía."
(los tragos)
"solo pensaba en terminar rápido"
"solo ahí me di cuenta de que" ahí también
"sólo" utilizado como "únicamente" va con tilde.
"pero se que en un momento estaba" sé de saber, también va con tilde.
Lo último: No abuses del "sólo" y cuidado con las palabras que usa el pibe para hablar (habla casi con la misma corrección que el anciano, lo cual le quita contraste a los personajes)
¡No quiero puteadas!
NeL!
No lo puteo, aunque su análisis me parece, como siempre, demasiado puntilloso.
Pero claro, si alguien llega a ese nivel de "puntillosidad" es porque realmente le interesó lo que escribí, y eso se agradece muchísimo.
Sos mi corrector, mi editor si se quiere, y sin darte cuenta.
Gracias!
(Puto)
:D
Me has dejado impresionado. Intrigado. Me gusta mucho como has narrado el relato dentro del relato y, sobre todo, el jugo que le estás sacando al tema de la identidad. Me encanta. No sé si seguirá esta historia porque es un buen final ese que le has dado, me encantan los relatos que parecen incompletos, aunque me quede con ganas de saber si se encuentra (creo que no, porque si es una metáfora de nuestra eterna búsqueda, nunca lo hará, porque en la vida real, cuando creemos habernos encontrado ya somos otro diferente al que buscábamos cuando comenzamos, vamos evolucionando) Es un lio pero según yo, cierto es.
Un saludo. Me gustó de veras. En especial la expresion "mirandose las manos como si fueran de esas de las que escapan los recuerdos"
Nos vemos pronto. Ciao
Está realmente excelente, real realmente la verdad. Aparte es una historia que podría darse en un bar nomás. Hasta puede pasar y todo.
Repito: excelente!!!
Lo sabía!
xD
Hola, Ego, ,la verdad es que me dejas preocupado con eso de que la historia te parece incompleta, porque no intenté que fuera un final abierto, me parece que no lo es tanto, lo que sí te puede quedar es la intriga de qué pasó después, y eso me gusta porque me parece que cualquier buen cuento te tendría que dar o la sensación de completitud, de que escuchaste toda la historia, o la sensación de que hay algo más ahí, de que podría continuar, pero que el punto en que se terminó es un buen punto para terminarla.
Además, estoy seguro que cualquier tipo de continuación sería bastante mala :P
La forma de narrar el cuento no es un invento mío, es en verdad un homenaje a Abelardo Castillo, un escritor argentino.
Transmutación:El elemento fantástico está metido, pero que te parezca que sea lo suficientemente real el mundo que se plantea como para que eso pudiera pasar me deja muy contento. Aunque seguramente piensas eso porque tienes una imaginación bastante activa :P
Saludos!
Es eso que explicas a lo que me refería. Final abierto. No usé la palabra adecuada.
Un saludo
Muy bueno relamente, la descripcion de las imagenes genial.
Clap clap clap
bárbaro, la verdad. Tiene un poco de desmond en el país de las maravillas.
excelente verlo en su fuerte otra vez.
me gustó la corrección de Patto, je
Chicosoquete:¿Este es mi fuerte? Bue, la verdad que hasta yo extrañaba publicar cuentos, solo esperemos que ahora que he abierto esa puerta, no demore otros siete meses en publicar algo...la auto censura es muy grande, lo que pasa.
Saludos!
Por aqui hallé un escritor!!!!!
excelente!!!!
Viste que en la mente existen cosas inimaginables sólo hay que dejarlo fluir...
Te devuelvo lo que me comentaste en mi dizque cuento...
Yo juego ... tú escribes!!!!
Saludos.
Publicar un comentario en la entrada