1. Las fronteras.
Los últimos posts han sido, de una u otra manera, dedicados a la ficción, lo cual tiene muchísimo sentido, si consideramos que estamos intentando hablar de “mundos paralelos”, pero ahora quería pasarme para el lado de la realidad, para ver si creamos diferentes realidades en nuestro día a día.

Hoy quería hablar de una dicotomía interesante: casi todos, sin excepción, creemos que cada persona es un mundo, es una historia diferente y una forma de vivir diferente, creemos que cada persona es en sí importante (puede ser que tengamos que creerlo para poder considerarnos importantes), y al mismo tiempo consideramos que tenemos un conjunto de experiencias comunes, de vivencias y de modos de ver la vida que no son tan disímiles. Que somos todos parecidos, ni mejores ni peores.
Estoy diciendo algo que seguramente parece una obviedad, pero, en verdad, ¿cuánto aceptamos esas dos cosas como verdaderas?
Porque como sociedad, como personas que tenemos que compartir un mismo espacio físico para desarrollarnos y vivir, no nos aceptamos como iguales: en la calle queda patente que parece que todo el mundo camina para cumplir con sus metas, y para lograr esas metas a veces se empujan unos a otros, no se dan espacio. Nos encerramos en nosotros mismos, y al mismo tiempo nos sentimos incomprendidos por el mundo.
Y por más que se pueda hablar de que no hay discriminación por razas (lo cual es dudoso), sí la hay por otras cosas más superficiales: los chetos hablan mal de los planchas, los de un cuadro de fútbol de los de otro, los tacheros de los que manejan ómnibus, y éstos de lo que andan en auto, los que andan en auto de los que andan en moto y en bicicleta, y todos ellos de los que andan caminando, el escalón más bajo de la jungla urbana.
Por más que no nos guste admitirlo, muchas veces nos creemos más inteligentes que los demás, o decimos que alguien es un imbécil por hacer (o no hacer) algo. Y no se trata de que nosotros no tengamos errores, o de que no los podamos reconocer, pero igual nos creemos inteligentes porque somos capaces de reconocer nuestros errores. Al reconocer nuestros errores, al poder reconocer que estamos haciendo que está mal, lo estamos aceptando ante nuestros ojos: siempre creemos que es válido lo que hacemos.
(Al margen: la idea de que siempre terminamos validando en nuestra mente lo que estamos haciendo me atrae mucho. Voy a dar un ejemplo, si quieres saltéatelo: hay veces que reconozco que estoy pechando a alguien por un lugar, o colándome en alguna fila realmente larga de gente que espera por algo, y si bien hay una parte de mi cerebro que me está diciendo “no, no lo hagas” o “sabés que está mal lo que estás haciendo”, hay otra que dice “a la mierda con todo” y da lugar para que lo siga haciendo, con un poco de remordimiento que en definitiva suele desaparecer bastante rápido. Y no le creo a nadie que me diga que nunca le pasó algo similar)
¿Y cómo se conecta lo que empecé diciendo sobre la intolerancia en la sociedad y ese proceso mental particular por el que validamos todo lo que hacemos? Es porque ese mecanismo para validar todo lo que hacemos es el que usamos para pasar por el día a día, de un modo más o menos inconsciente. Y no lo estoy diciendo para poner el grito en el cielo y decir “¡esto está mal!”, solamente quiero analizarlo, porque me interesa entender por qué lo hacemos.
Somos perfectamente conscientes de nuestra individualidad. Es más, muchas veces sufrimos por esa individualidad: nos gusta ser diferentes y al mismo tiempo nos hace sentirnos solitarios, incomprendidos. Al mismo tiempo que pasa eso, que podemos reconocer con facilidad nuestra individualidad, parecería que somos incapaces de hacer lo mismo con los demás.
Posiblemente el primer momento de nuestra vida en que reconocemos la individualidad de alguien más es el momento en que nuestros padres dejan de ser esos Dioses Imperturbables con la solución a todo para ir convirtiéndose ante nuestros ojos en seres humanos, con sentimientos y nociones propias sobre lo que es vivir, y con ideas sustancialmente diferentes de las nuestras, pero igual de válidas.
Nuestros padres deben ser las primeras personas con las que peleamos, chocamos, y también son las primeras a las que debemos reconocerles su inteligencia, y que a pesar de que piensan diferente que nosotros, son iguales que nosotros.
No creo que eso ocurra de igual manera con los compañeros de clase, y con los que terminan siendo nuestros amigos, porque en las clases siempre se terminan formando grupos, un “ellos contra nosotros” que hace que vos termines en un grupo o en otro, y te definas como parte de ese grupo por tener intereses afines. Con tus padres te tienes que llevar bien, por lo menos hasta cierto punto, pero en un salón de clases siempre hay cierta selección.
Posiblemente con el paso del tiempo terminemos teniendo amigos que tengan ideas diferentes que nosotros, muchas veces pasa que empiezas a notar que esos amigos que tienes hace cuatro o cinco años tienen ideas centrales sobre cómo vivir la vida que son esencialmente diferentes que las tuyas, pero que están igual de bien y son igual de válidas, y que no afectan tu relación con esa persona.
Lo que estoy intentando transmitir es la idea de que lo más complicado que podemos hacer en esta vida es aceptar a los demás como exactamente iguales que nosotros, aunque no compartamos la manera de pensar.
Y no estoy hablando de ninguna utopía socialista, estoy hablando de convivir. Sin dudas logramos aceptar a personas como iguales: lo logramos al tener amigos, lo logramos al tener pareja. Pero cuando estamos en la calle, en clases, en un bar, o en otro lugar donde nos enfrentamos con desconocidos, nos interesa muy poco entender a esas personas, somos todos demasiado cínicos y estamos demasiado apurados como para complicarnos con el desgaste mental de entender a otra persona en vez de combatir y rechazar.
2. La porosidad.
Y ya se que si llegaste leyendo hasta acá, ya es un logro en sí mismo, pero aún con miedo de perderte te pido que te enfrentes por un momento al siguiente ejercicio mental.
Independientemente de si dijiste “este tipo tiene algo de razón” o dijiste “por Dios, que boludez todo esto”, independientemente de si te consideras tolerante o no, quiero que te enfrentes a estas tres palabras: Pare de sufrir.
Estoy diciendo algo que seguramente parece una obviedad, pero, en verdad, ¿cuánto aceptamos esas dos cosas como verdaderas?
Porque como sociedad, como personas que tenemos que compartir un mismo espacio físico para desarrollarnos y vivir, no nos aceptamos como iguales: en la calle queda patente que parece que todo el mundo camina para cumplir con sus metas, y para lograr esas metas a veces se empujan unos a otros, no se dan espacio. Nos encerramos en nosotros mismos, y al mismo tiempo nos sentimos incomprendidos por el mundo.
Y por más que se pueda hablar de que no hay discriminación por razas (lo cual es dudoso), sí la hay por otras cosas más superficiales: los chetos hablan mal de los planchas, los de un cuadro de fútbol de los de otro, los tacheros de los que manejan ómnibus, y éstos de lo que andan en auto, los que andan en auto de los que andan en moto y en bicicleta, y todos ellos de los que andan caminando, el escalón más bajo de la jungla urbana.
Por más que no nos guste admitirlo, muchas veces nos creemos más inteligentes que los demás, o decimos que alguien es un imbécil por hacer (o no hacer) algo. Y no se trata de que nosotros no tengamos errores, o de que no los podamos reconocer, pero igual nos creemos inteligentes porque somos capaces de reconocer nuestros errores. Al reconocer nuestros errores, al poder reconocer que estamos haciendo que está mal, lo estamos aceptando ante nuestros ojos: siempre creemos que es válido lo que hacemos.
(Al margen: la idea de que siempre terminamos validando en nuestra mente lo que estamos haciendo me atrae mucho. Voy a dar un ejemplo, si quieres saltéatelo: hay veces que reconozco que estoy pechando a alguien por un lugar, o colándome en alguna fila realmente larga de gente que espera por algo, y si bien hay una parte de mi cerebro que me está diciendo “no, no lo hagas” o “sabés que está mal lo que estás haciendo”, hay otra que dice “a la mierda con todo” y da lugar para que lo siga haciendo, con un poco de remordimiento que en definitiva suele desaparecer bastante rápido. Y no le creo a nadie que me diga que nunca le pasó algo similar)
¿Y cómo se conecta lo que empecé diciendo sobre la intolerancia en la sociedad y ese proceso mental particular por el que validamos todo lo que hacemos? Es porque ese mecanismo para validar todo lo que hacemos es el que usamos para pasar por el día a día, de un modo más o menos inconsciente. Y no lo estoy diciendo para poner el grito en el cielo y decir “¡esto está mal!”, solamente quiero analizarlo, porque me interesa entender por qué lo hacemos.
Somos perfectamente conscientes de nuestra individualidad. Es más, muchas veces sufrimos por esa individualidad: nos gusta ser diferentes y al mismo tiempo nos hace sentirnos solitarios, incomprendidos. Al mismo tiempo que pasa eso, que podemos reconocer con facilidad nuestra individualidad, parecería que somos incapaces de hacer lo mismo con los demás.
Posiblemente el primer momento de nuestra vida en que reconocemos la individualidad de alguien más es el momento en que nuestros padres dejan de ser esos Dioses Imperturbables con la solución a todo para ir convirtiéndose ante nuestros ojos en seres humanos, con sentimientos y nociones propias sobre lo que es vivir, y con ideas sustancialmente diferentes de las nuestras, pero igual de válidas.
Nuestros padres deben ser las primeras personas con las que peleamos, chocamos, y también son las primeras a las que debemos reconocerles su inteligencia, y que a pesar de que piensan diferente que nosotros, son iguales que nosotros.
No creo que eso ocurra de igual manera con los compañeros de clase, y con los que terminan siendo nuestros amigos, porque en las clases siempre se terminan formando grupos, un “ellos contra nosotros” que hace que vos termines en un grupo o en otro, y te definas como parte de ese grupo por tener intereses afines. Con tus padres te tienes que llevar bien, por lo menos hasta cierto punto, pero en un salón de clases siempre hay cierta selección.
Posiblemente con el paso del tiempo terminemos teniendo amigos que tengan ideas diferentes que nosotros, muchas veces pasa que empiezas a notar que esos amigos que tienes hace cuatro o cinco años tienen ideas centrales sobre cómo vivir la vida que son esencialmente diferentes que las tuyas, pero que están igual de bien y son igual de válidas, y que no afectan tu relación con esa persona.
Lo que estoy intentando transmitir es la idea de que lo más complicado que podemos hacer en esta vida es aceptar a los demás como exactamente iguales que nosotros, aunque no compartamos la manera de pensar.
Y no estoy hablando de ninguna utopía socialista, estoy hablando de convivir. Sin dudas logramos aceptar a personas como iguales: lo logramos al tener amigos, lo logramos al tener pareja. Pero cuando estamos en la calle, en clases, en un bar, o en otro lugar donde nos enfrentamos con desconocidos, nos interesa muy poco entender a esas personas, somos todos demasiado cínicos y estamos demasiado apurados como para complicarnos con el desgaste mental de entender a otra persona en vez de combatir y rechazar.
2. La porosidad.
Y ya se que si llegaste leyendo hasta acá, ya es un logro en sí mismo, pero aún con miedo de perderte te pido que te enfrentes por un momento al siguiente ejercicio mental.
Independientemente de si dijiste “este tipo tiene algo de razón” o dijiste “por Dios, que boludez todo esto”, independientemente de si te consideras tolerante o no, quiero que te enfrentes a estas tres palabras: Pare de sufrir.

Tu proceso mental debe haber sido muy parecido al mío, debe haber terminado en una mueca despectiva o algo parecido. Esos pastores con un acento vagamente brasileño que venden soluciones a todos los problemas amorosos, de amistad, financieros y cualquier otro imaginable solo con ir a su iglesia, y con productos que ya forman parte del imaginario popular como el manto de la descarga…
Ya sé, es un timo, una gran estafa, despluman a la gente que va allí. Pero las personas siguen yendo, llenen salas enormes de cine, con “funciones” de tarde y de noche, varias veces por día. Ahora, ¿vos crees que todos los que van allí son estúpidos? Podemos llegar a creernos más inteligentes porque no caemos en el juego que plantea esa institución para hacernos entrar, pero ¿somos más inteligentes?
Si vuelven un poco para atrás notarán que usé la palabra “vender” para describir lo que hacen esos pastores, y no fue algo casual: lo que están ofreciendo es un producto, que tiene una serie de dudosas ventajas (la creencia en algo superior, un estado mental más positivo hacia la vida, asumo) a un precio. Y ¿es ese pastor el único que te intenta vender algo que tiene la dudosa capacidad de hacerte feliz? Me parece que hoy en día hasta las propagandas de jabones y de pastas de dientes nos están vendiendo la idea de una mayor calidad de vida, de mayor confort, de una mejora sustancial de nuestro modo de vida. De un camino a la felicidad.
De lo que estos productos prometen muy poco se cumple, sabemos que nos dicen que son mejores de lo que realmente son, y que los que los fabrican no son precisamente santos, sino más bien que son multinacionales que emplean mano de obra barata pagando lo mínimo para que subsistan, pero igual los compramos.
Y no conozco a nadie que diga que por comprar esas cosas es un estúpido, o mejor dicho: que alguien diga que solamente por comprar esas cosas sea un estúpido. Puedo ser muy brillante o tener pocas luces muy a pesar de las cosas que tengo y hago.
Y lo mismo pasa con las personas que van a esas iglesias: habrá algunos que serán crédulos y que creerán en ese camino como el camino a la felicidad, y otros irán porque les trae cosas positivas para su vida. Hay personas sin trabajo y también hay personas con títulos profesionales, profesores y científicos y cualquier otro tipo de virtud o estudio que se les ocurra que tiene algo que ver con lo que te hace “exitoso” en esta sociedad. Y están ahí buscando algo que los complete, que los haga felices, aunque pueda sonar trillado. Habrá todo tipo de personas, y la mayoría serán exactamente igual que yo, ni mejores ni peores.
Puede ser que sea desgastante o simplemente imposible hacer un proceso mental similar cada vez que nos enfrentamos a un grupo de personas con creencias que no entendemos, pero eso no implica que no habría que hacerlo. La única pregunta que queda en pie al final de todo es: ¿vale la pena hacer ese proceso mental?
Cada uno sabrá su respuesta.
Ya sé, es un timo, una gran estafa, despluman a la gente que va allí. Pero las personas siguen yendo, llenen salas enormes de cine, con “funciones” de tarde y de noche, varias veces por día. Ahora, ¿vos crees que todos los que van allí son estúpidos? Podemos llegar a creernos más inteligentes porque no caemos en el juego que plantea esa institución para hacernos entrar, pero ¿somos más inteligentes?
Si vuelven un poco para atrás notarán que usé la palabra “vender” para describir lo que hacen esos pastores, y no fue algo casual: lo que están ofreciendo es un producto, que tiene una serie de dudosas ventajas (la creencia en algo superior, un estado mental más positivo hacia la vida, asumo) a un precio. Y ¿es ese pastor el único que te intenta vender algo que tiene la dudosa capacidad de hacerte feliz? Me parece que hoy en día hasta las propagandas de jabones y de pastas de dientes nos están vendiendo la idea de una mayor calidad de vida, de mayor confort, de una mejora sustancial de nuestro modo de vida. De un camino a la felicidad.
De lo que estos productos prometen muy poco se cumple, sabemos que nos dicen que son mejores de lo que realmente son, y que los que los fabrican no son precisamente santos, sino más bien que son multinacionales que emplean mano de obra barata pagando lo mínimo para que subsistan, pero igual los compramos.
Y no conozco a nadie que diga que por comprar esas cosas es un estúpido, o mejor dicho: que alguien diga que solamente por comprar esas cosas sea un estúpido. Puedo ser muy brillante o tener pocas luces muy a pesar de las cosas que tengo y hago.
Y lo mismo pasa con las personas que van a esas iglesias: habrá algunos que serán crédulos y que creerán en ese camino como el camino a la felicidad, y otros irán porque les trae cosas positivas para su vida. Hay personas sin trabajo y también hay personas con títulos profesionales, profesores y científicos y cualquier otro tipo de virtud o estudio que se les ocurra que tiene algo que ver con lo que te hace “exitoso” en esta sociedad. Y están ahí buscando algo que los complete, que los haga felices, aunque pueda sonar trillado. Habrá todo tipo de personas, y la mayoría serán exactamente igual que yo, ni mejores ni peores.
Puede ser que sea desgastante o simplemente imposible hacer un proceso mental similar cada vez que nos enfrentamos a un grupo de personas con creencias que no entendemos, pero eso no implica que no habría que hacerlo. La única pregunta que queda en pie al final de todo es: ¿vale la pena hacer ese proceso mental?
Cada uno sabrá su respuesta.
Post 5 de 8 de la serie: Mundos paralelos.

14 Tienen la palabra:
Wowwwwww...que paradoja....
Creo que no da para hacer tanto planteo, pero tambien pienso que cada uno busca o encuentra la felicidad donde le parece y quiere.
Si es eso lo que buscan, (lamentablemente no he podido mantener muchas charlas con gente que se junta de ese modo,porque pertenezco a otro...jejejjejej :-))
Hay gente que cree que en esos sitios encontrarà la receta apra dejar de sufrir, y digo yo,no? quienes somos para decirles lo contrario?.
Yo actuo respetuosamente cuando alguno se acerca a hablarme, pero mi fè està tan bien plantada, que no me permito la duda..ni siquiera para saber si es verdad lo que ellos nos venden.
Las fronteras las ponemos nosotros mismos, como si estuvieramos discriminando,aunque estoy segura que en realidad, ellos son los que nos discriminan a nosotros y ponen fronteras no muy fàciles de pasar.
No sè si me entenderàs lo que quise decir...pero yo si lo que nos dijiste vos aqui!
Un abrazo Juan!
Puede ser que sea igual a la gente que asiste a pare de sufrir, no los comprendo, pero no me molesta. Lo que sí me molesta es que los dueños de ese negocio se cagan en todo para venderlo, y uno podría rebatir "los de las tabacaleras no te obligan a comprar los cigarrillos" y yo respondería "si, pero los fumadores no creen en el cigarrillo".
Dios es un concepto muy amplio para comprenderlo, es más, no creo que se suponga que tengamos que saberlo, pero si de algo estoy seguro es que no tienen razón. Y lo peor de todo, lo saben.
Ly: no estoy seguro de lo que quisiste decir que el resto pone fronteras y discrimina, como si cada uno de nosotros no discriminara a nadie. Si pensamos que el resto esta mal y nosotros estamos bien, seguimos en el mismo jueguito, y no buscamos que estemos todos bien, sino que buscamos ser los menos malos.
Chicosoquete:Si, como dije, no creo para nada en que estén haciendo lo correcto, pero me enfoqué en las perosnas que van, y que buscan ahí una forma de ser felices, y lo que quise decir es que no tienen ninguna diferencia con nosotros. En el tema de que todo eso es una estafa ni me meto porque son aguas demasiado profundas y seguramente tampoco sirva para convencer a nadie de nada.
me adhiero a cada una de las palabras de chicosoquete.
Ok
Siempre siento que no lees lo que escribo. Aún más con esas respuestas de una línea.
Yo sinceramente creo que todos somos "pecadores" e intolerantes por naturaleza, así que no me atrevería ni siquiera a levantar la piedra.
En general, trato de no burlarme de las creencias de los demás, lo que no quiere decir que nunca lo haya hecho.
Me sorprende tu capacidad de análisis de las cosas, yo nunca podría hacerlo.
Un abrazo.
Muchos temas!
Bueno, voy a comentar algunos:
1) el tema de "ser distinto=quedar afuera" es un dilema que tienen la mayoría de los adolescentes hoy en día (yo, 25, ya soy grandeeeee :P)
El problema es cuando se auto-censuran con tal de pertenecer, llega un momento que ya no se acuerdan quién son, y quedan a la deriva en un mar de ácido corrosivo, extenuante y sin brújula ni sentido.
2) Me gustó mucho esa comparación entre "productos", los aceptados y los despreciados. ¿Cuál es la diferencia? Bueno, probablemente la plata que gastan en publicidad y marketing. En este occidente la iglesia Apostólica Católica Romana tiene el mercado monopolizado, aunque su propia rigidez le hace perder adeptos, que son tomados por estas "segundas marcas".
No es cuestión de hacer un proceso mental distinto cada vez que nos encontramos con una persona que tiene creencias/puntos de vista/actitudes/etc. diferentes a la nuestra (y, por lo tanto, sumamente ilógicas para nosotros!), antes de entender a alguien, hay que ACEPTARLO como es. El resto vendrá solo.
Neeeeeeeeeeeel
Pasamos por la vida juzgando a los demás, hasta juzgado cosas que por ahí nosotros también tenemos. La hipocresía es moneda corriente, todos lo somos, algunos en mayor o menor medida. Sucede que a veces nos damos cuenta de dicho accionar, nos damos cuenta de nuestro farsa, y logramos razonar un poco, tratando de ser receptivos y de esperar antes de juzgar….pero bueno, eso sucede pocas veces.
Lo del ejemplo de la iglesia do Reino de Deus es fenomenal. Todos sabemos de su farsa, como también sabemos lo fraudulento que es el Reduce Fat Fast, o el injerto capilar, o el dulce de leche light. Todos los argentinos le creímos a Duhalde cuando dijo “el que depositó dólares recibirá dólares”…..pero al tiempo, alguno habrá dicho (con aires de sabiduría) “que salames los que tenían cuentas en Argentina….yo sabía que esto iba a pasar”. La gente tiene una necesidad tremenda de creer y esa misma gente tiene la necesidad de pensar que es diferente y capaz.
Creo que muchos leyeron a Nietzsche, se comieron el personaje de ser un superhombre y se les nubló la cabeza…..con lo cual…realizar un proceso mental les resultará imposible. El resto de los mortales…podríamos realizar dicho proceso….pero terminaríamos sucumbiendo al facilísimo, a la vista atrofiada y a la fortaleza de las excusas.
Saludos!!!
pd1: me hiciste reír con la aclaración “post realmente largo” (mi humor es particular supongo).
pd2: me hiciste reír con alguna respuesta tuya, a los comentarios recibidos en vuestro blog, no voy a decir cuales….discreción discreción.
pd3:no escribí de forma muy fluida...perdón....a veces me sale escribir de manera cuadrada.
Ostia! Este post comencé una noche a leerlo pero lo dejé y dije, mañana lo leeré. Luego se me han pasao los días apenas sin entrar en los blogs amigos y mira donde estoy...
jaja!
Primero decir que me siguen impresionando tus posts porque tienes reflexiones de libro de psicología social pero en plan "de andar por casa". Igualmente de interesante pero mucho más inteligible.
1. Las fronteras: abracas muuuuuchos temas diferentes en uno pero no se nota apenas. Es que resumir en unos párrafos cómo los seres humanos somos iguales y diferentes con todos los matices que eso abarca y todas los ámbitos que eso toca, es ardua tarea. Sin embargo, lo has sorteado bien.
Solamente decir que sí, que está más que probado que usamos diferentes tipos de esquemas para analizar situaciones cotidianas, automáticas y más impersonales para evitar implicación emocional y el desgaste mental que sería para nosotros. En cambio, con nuestras relaciones sociales repetidas, ya sea porque disfrutemos (amigos, familia, pareja) o por obligación (compañeros de trabajo, vecinos) al tener más tiempo y estar implcados ámbitos más importantes de nuestra vida analizamos más, nos jugamos más. Es obvio que es un tema de economía cognitiva y social, además de un poco instinto de supervivencia (afinidad con los iguales por el motivo que sea y frontera automática con los desconocidos).
Tratas más temas superficialmente como el de la formación de grupos y demás pero eso es para ahondar mucho.
La porosidad: Aquí solo te contestaré a la pregunta que formulas. Para mí si merece la pena hacer ese esfuerzo mental, aunque no siempre, porque me aporta algo de ´comprensión, de tranquilidad. He aprendido que la mayoría de las personas no son diferentes a mí, sino que viven diferentes circunstancias que hacen que sus vidas tomen uno u otro rumbo. Hay personas para las que la mayoría de criminales son otra raza, personas malas, errores humanos o que se yó. Está bien en parte, es defensivo contra la propia autoestima. Pero en realidad la gente que llena las cárceles, al menos en mi país que es de lo que he conocido, son muy similares a tí y a mí (excepto que el nivel cultural y de estudios suel ser más bajo). El único problema que han tenido ha sido consecuencia de situaciones adversas, modos de vida insanos, temperamentos débiles o muy fuertes que limitaron su aprensizaje de estrategias alternativas y un sin fin de cosas mas que los llevaron a cometer lo que cometiesen.
No los excuso, eso lo dejo claro. Solo me pongo en uno de los ejemplos más extremos de que nos parecemos a las personas que podríamos considerar más diferentes a nosotros. Y mucho.
(Pero esto también tiene para un gran gran debate)
Un abrazo
Me encantó como siempre
Patto:Buena conclusión: hay que aceptarnos, y listo, no es más complicado que eso.
Por otro lado, esa metáfora del "ácido corrosivo" intermedio en el que quedamos atrapados por tratar de encajar me parece muy precisa, muy muy buena.
Manu: me gusta tu conclusión, lo de la vista atrofiada y la fortaleza de las excusas, me parece que es una buena forma de mostrar lo que nuestro modo cínico de ver el mundo nos termina dejando.
La aclaración se supone que era divertida, y te preparaba para sufrir un rato con mis palabras, así que los dos tenemos el mismo humor particular :D
Creo saber a qué respuesta al comentario te refieres, es eso o darme la cabeza contra el monitor, así que...bueno, a condensar toda la furia por un comentario así de superficial en una respuesta parcialmente hiriente.
Escriba todo lo cuadrado que quiera, no nos vamos a poner a filosofar siempre no? :P
Ego:
Primero y antes que nada, te agradezco mucho el comentario, me gustó que te gustara. Este tipo de modo de pensar, si te gusta, lo puedes encontrar en un autor norteamericano recientemente fallecido que se llama David Foster Wallace, que llena páginas y páginas de algo que solo puede ser descrito como "pensamiento vivo". El tipo es un genio, tiene un intelecto que lo deja lejos del resto. Salió hace poco un libro de bolsillo con ensayos de él, se llama "Hablemos de langostas", te lo recomiendo mucho.
Segundo, gracias muchas gracias por reconocer el enorme esfuerzo de intentar meter un montón de ideas en la primera parte, fue un verdadero dolor de cabeza, y un trabajito de edición bastante pesado, aún más porque quería que todo fuera coherente y se vieran las conexiones entre un tema y otro. Me gustó eso de "economía cognitiva y social", es una expresión que nunca había escuchado, y me parece que resume muy bien el tema.
Tercero: si, somos más parecidos de lo que nos creemos, pero es increíble que no todos se puedan tomar el tiempo para reconocer que somos parecidos, la mayoría considera que está bien vivir en su propia burbuja, y en muchos casos reconociendo que su modo de ver las cosas es justamente una burbuja que los limita.
Y por último: si, sobre estos temas habría que desarrollar mucho más, tiene varias puntas y aristas, pero mis conocimientos son limitados y la mayoría de las cosas que expongo provienen, en este caso, de la intuición pura y simple, lo que complica bastante que pueda expandirme, pero sin duda da para mucho más. Estoy seguro que vos me podrías enseñar mucho sobre estos temas. Saludos!
Uh, que temita! Voy a opinar sobre la segunda parte porque el tema de la fé (y creo que ahí reside todo) también es una de las cosas que me ha ocpupado la cabeza por largo tiempo.
Hace unos meses en un comentario (no recuerdo cual) en un blog yo mencionaba la frase Marx-Zizek
"ellos lo saben...pero aún así lo hacen".
Y esto va dirigido a todos los que a veces nos sentimos un poco iluminados y entonces llevamos la "desmistificación" al "mundo de la gente común". O sea, les decimos : "No sabías que la publicidad miente? No sabías que los pastores son unos chantas? No sabías que los horóscopos de cada mes se copian entre ellos?" Y así con un montón de temas.
Y que pasa? Nosostros no sentimos bien, porque llevamos la verdad a los demás. Y los demás, a veces, no quieren la verdad.
Porque lo que no se puede detener es la fé.
Mi amiga tiene fé en que va a salvar una relación que se cae a pedazos. Y yo le digo: "¿Pero no sabés que él hizo y hace tal y tal cosa?". Y ella sigue firme, porque tiene fé.
Ellos lo saben pero aún así lo hacen.
El tema de la iglesia universal me apasiona. Reconozco que alguna vez lo he visto (cuando me sentía muuuuuuuuuuuuy mal) con el sólo fin de escuchar a alguien que la estaba pasando peor que yo. Y juro que las palabras del pastor (yo ya los identificaba a cada uno) me llegaban a lo más profundo del corazón, eran perfectas para mí.
Y casualmente para 100 personas más totalmente diferentes a mí.
Porque se ve que los problemas humanos de fondo son siempre los mismos.
Esos sí, nunca fui a las reuniones. Una compañera de facultad tuvo que hacer un trabajo de investigación sobre la Iglesia y casi casi terminó enganchada (lo supe cuando, graciosa, me contó que se había colado en la cola para conmulgar).
saludos!
Ta, ahora que tengo teclado nuevo te puedo comentar como la gente :)
Sobre la individualidad: Creo que la individualidad es culpa del consumismo excesivo.
Es algo que vengo pensando hace años, pero cuando me de menos fiaca lo desarrollaré...perdón.
Igual dale vueltas a la idea y vas a ver que tengo razón.
Sobre Pare de sufrir: Aparte de que es un timo, etc etc, creo que la gente tiene la pura necesidad de creer religiosamente en algo que sea más tangible (o por lo menos más auspicioso) pero que requiera menos esfuerzo que otras religiones.
Por otro lado, ese tipo de religiones-estafa dan la sensación de pertenencia a un grupo que mucha gente necesita. Parate en la puerta del Trocadero y fijate el target de los "promotores" del pare de sufrir.
Vas a ver que a vos no te paran, a mi no me paran, a cualquier joven que parezca razonable no lo paran: Paran a las personas con pinta de solitarias y que además vistan como de clase media.
Es así, mucha gente, aún a sabiendas de que no va a conseguir un milagro, va por la sensación de pertenencia a un grupo.
Dixit.
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