"Esta historia empieza hace unos quince años, cuando mi abuela me llamó y me pidió que le dijera cuáles eran mis tres colores favoritos. Yo, dudando, le dije que eran el azul, el verde y el blanco. Le pregunté por qué quería saber, me dijo "no, por nada" y me cortó el teléfono. Me quedé intrigado, y empecé a llamar a mis hermanos, para ver si les había preguntado lo mismo, y me dijeron que sí. Después, empezamos a llamar a familiares y conocidos hasta que nos enteramos que nuestra abuela había sido diagnosticada con cáncer de seno, y se había propuesto hacernos colchas de lana a cada uno, con nuestros tres colores favoritos.
Mi familia es enorme, es una familia que parece que nunca descubrió los anticonceptivos, y ella iba a coser por meses y meses y meses para hacer algo para que todos tuviéramos un recuerdo de ella.
Mi abuela estaba segura de que iba a morir, muy segura de que iba a morir, pero no murió. Y años después fue por casa, y al ver la colcha me dijo "¿todavía conservas ese vejestorio?"
Así que vivió por muchos años más, hasta que el año pasado murió. Se levantó una mañana con dolor de estómago. Era el día que se iba a mudar del campo a la ciudad, pero al final no se pudo mover de la cama, y tres días después, mientras yo estaba en Nueva York, entró en coma y se murió, de forma completamente inesperada. Toda mi familia tuvo que ir a la granja a empacar todas sus cosas, y por Dios, eran un montón de cosas, décadas enteras de cosas.
En mi familia, no vamos atrás de las cosas "valiosas", todas las cosas de oro y plata siempre van a una pila porque nadie las quiere. No, nosotros nos peleamos por un vaso de plástico medio mordido, con un dinosaurio dibujado al costado, porque ese vaso tiene una historia. Nos peleábamos por esas cosas que tenían algún recuerdo asociado.
En determinado momento, tuve que salir de la casa mientras mi familia guardaba cosas en cajas, y terminé en el galpón, y me encontré con la enorme cantidad de cajas que guardaba la abuela con cosas de navidad. Estamos hablando de cajas y cajas llenas de porquerías navideñas.
Y ahí estoy yo, en el medio del desierto, con 40 grados, empapado en sudor, en un galpón lleno de polvo, y me encuentro con una caja para la que no estaba preparado:
Cuando éramos muy chicos, en una familia intensamente católica, los mayores solían poner unas haditas de plástico, montones de ellas por toda la casa, y si esas haditas te podían ver, significaba que Santa Claus te podía ver. Y todos sabíamos que Santa Claus era amigo de Dios, así que si las haditas te podían ver, también Dios te podía ver. Las haditas estaban por toda la casa, y sin importar lo que hicieras y donde estuvieras, siempre habría una hadita ahí mirándote. Incluso en el baño... Y todos los días las cambiaban de lugar, así que no podías saber donde te las podías encontrar. Nosotros odiábamos esas haditas, eran como las espías enemigas de Dios.
Estaba en el galpón, muerto de calor, lleno de polvo, y abro esta caja y está llena de las malditas haditas. Y pensé "son mííías". Y son lo último que quería ver, y me pongo a llorar como un bebé.
Me doy cuenta de que las haditas son lo único que quiero. Hasta ese preciso momento no me había interesado nada, y no me podía ver volviendo a la casa a cuatro generaciones de mi familia y decirles entre sollozos "¿me...puedo...quedar...con...las...haditas?". No lo podía ver por dos cosas: en primer lugar porque hay algo de "dignidad negativa" en eso, y además porque se que esos bastardos no me dejarían quedarme con las haditas. Apenas las vieran, todos iban a querer quedarse con una, cada primo que tengo y cada sobrino que tengo me iba a decir "no, claro que no te puedes quedar solo vos con las haditas".
Así que empecé a meterlas en mi ropa. Años enteros de malicia adolescente vuelven a mí, y meto haditas en mis medias, me meto la camisa en el pantalón para poder tirarme haditas por el cuello de la camisa y caminar con ellas. Y salgo de ahí, sudando como loco, con la camisa metida, lleno de haditas, y me voy hacia mi camioneta. Me preguntan "¿cómo van las cosas Chuck?" y yo les digo "bien" y sigo caminando rápido hacia mi camioneta, y me subo y vuelco todas las haditas. Vuelvo a la casa, me recompongo y hago como si no hubiera pasado nada.

Mi familia se va para Portland después de eso. Esa noche me llama mi hermana Shirley y lo primero que me dice, en tono acusatorio, es "¿vos te llevaste las haditas?. Heidi y Dina (mis otras hermanas) han buscado por todas partes y no las pueden encontrar. ¿Vos tienes las haditas?" Y yo digo "eh...noooo"
Esto, me parece, demuestra cuánto nos aferramos a las historias. Sabemos que el dinero viene y se va, sabemos que las cosas que tenemos, en algún momento, se convierten en una carga con la que arrastramos, pero las historias son siempre algo invalorable, es algo que no nos cuesta llevar con nosotros y es algo que nos gusta compartir. Las haditas son pura historia, y mis abuelos en este momento son pura historia, porque seis meses después de que mi abuela murió, la siguió mi abuelo, y te das cuenta de que lo más importante en tu vida son las historias que tienes.
Cualquiera que se pueda tomar el tiempo (y el tiempo es en verdad lo más valioso que tenemos) para contar una historia, real o ficticia, está haciendo algo valorable, es algo que debo reconocer y que debo aplaudir, porque el mundo no te apoya en hacer eso, cuanto más viejo te pones más te das cuenta de que el mundo no te apoya en reflexionar y poder leer entre líneas, y de verdad debo aplaudirlos por reconocer el valor que tiene una buena historia.
Mi familia es enorme, es una familia que parece que nunca descubrió los anticonceptivos, y ella iba a coser por meses y meses y meses para hacer algo para que todos tuviéramos un recuerdo de ella.
Mi abuela estaba segura de que iba a morir, muy segura de que iba a morir, pero no murió. Y años después fue por casa, y al ver la colcha me dijo "¿todavía conservas ese vejestorio?"
Así que vivió por muchos años más, hasta que el año pasado murió. Se levantó una mañana con dolor de estómago. Era el día que se iba a mudar del campo a la ciudad, pero al final no se pudo mover de la cama, y tres días después, mientras yo estaba en Nueva York, entró en coma y se murió, de forma completamente inesperada. Toda mi familia tuvo que ir a la granja a empacar todas sus cosas, y por Dios, eran un montón de cosas, décadas enteras de cosas.
En mi familia, no vamos atrás de las cosas "valiosas", todas las cosas de oro y plata siempre van a una pila porque nadie las quiere. No, nosotros nos peleamos por un vaso de plástico medio mordido, con un dinosaurio dibujado al costado, porque ese vaso tiene una historia. Nos peleábamos por esas cosas que tenían algún recuerdo asociado.
En determinado momento, tuve que salir de la casa mientras mi familia guardaba cosas en cajas, y terminé en el galpón, y me encontré con la enorme cantidad de cajas que guardaba la abuela con cosas de navidad. Estamos hablando de cajas y cajas llenas de porquerías navideñas.
Y ahí estoy yo, en el medio del desierto, con 40 grados, empapado en sudor, en un galpón lleno de polvo, y me encuentro con una caja para la que no estaba preparado:
Cuando éramos muy chicos, en una familia intensamente católica, los mayores solían poner unas haditas de plástico, montones de ellas por toda la casa, y si esas haditas te podían ver, significaba que Santa Claus te podía ver. Y todos sabíamos que Santa Claus era amigo de Dios, así que si las haditas te podían ver, también Dios te podía ver. Las haditas estaban por toda la casa, y sin importar lo que hicieras y donde estuvieras, siempre habría una hadita ahí mirándote. Incluso en el baño... Y todos los días las cambiaban de lugar, así que no podías saber donde te las podías encontrar. Nosotros odiábamos esas haditas, eran como las espías enemigas de Dios.
Estaba en el galpón, muerto de calor, lleno de polvo, y abro esta caja y está llena de las malditas haditas. Y pensé "son mííías". Y son lo último que quería ver, y me pongo a llorar como un bebé.
Me doy cuenta de que las haditas son lo único que quiero. Hasta ese preciso momento no me había interesado nada, y no me podía ver volviendo a la casa a cuatro generaciones de mi familia y decirles entre sollozos "¿me...puedo...quedar...con...las...haditas?". No lo podía ver por dos cosas: en primer lugar porque hay algo de "dignidad negativa" en eso, y además porque se que esos bastardos no me dejarían quedarme con las haditas. Apenas las vieran, todos iban a querer quedarse con una, cada primo que tengo y cada sobrino que tengo me iba a decir "no, claro que no te puedes quedar solo vos con las haditas".
Así que empecé a meterlas en mi ropa. Años enteros de malicia adolescente vuelven a mí, y meto haditas en mis medias, me meto la camisa en el pantalón para poder tirarme haditas por el cuello de la camisa y caminar con ellas. Y salgo de ahí, sudando como loco, con la camisa metida, lleno de haditas, y me voy hacia mi camioneta. Me preguntan "¿cómo van las cosas Chuck?" y yo les digo "bien" y sigo caminando rápido hacia mi camioneta, y me subo y vuelco todas las haditas. Vuelvo a la casa, me recompongo y hago como si no hubiera pasado nada.

Mi familia se va para Portland después de eso. Esa noche me llama mi hermana Shirley y lo primero que me dice, en tono acusatorio, es "¿vos te llevaste las haditas?. Heidi y Dina (mis otras hermanas) han buscado por todas partes y no las pueden encontrar. ¿Vos tienes las haditas?" Y yo digo "eh...noooo"
Esto, me parece, demuestra cuánto nos aferramos a las historias. Sabemos que el dinero viene y se va, sabemos que las cosas que tenemos, en algún momento, se convierten en una carga con la que arrastramos, pero las historias son siempre algo invalorable, es algo que no nos cuesta llevar con nosotros y es algo que nos gusta compartir. Las haditas son pura historia, y mis abuelos en este momento son pura historia, porque seis meses después de que mi abuela murió, la siguió mi abuelo, y te das cuenta de que lo más importante en tu vida son las historias que tienes.
Cualquiera que se pueda tomar el tiempo (y el tiempo es en verdad lo más valioso que tenemos) para contar una historia, real o ficticia, está haciendo algo valorable, es algo que debo reconocer y que debo aplaudir, porque el mundo no te apoya en hacer eso, cuanto más viejo te pones más te das cuenta de que el mundo no te apoya en reflexionar y poder leer entre líneas, y de verdad debo aplaudirlos por reconocer el valor que tiene una buena historia.
Gracias. "

17 Tienen la palabra:
Je!, yo tengo un duende, que se parece un poco al de la imagen, se llama piyuj, y aunque por suerte no voy a tener que pelearme con nadie por quedármelo por que ya es mio, sería lo primero que iría a buscar en un caso como el de la historia.
De hecho deje mil cosas en casa el día que me mudé, pero el duende se vino conmigo y viajo conmigo a Chile, lastima que no le saque fotos como al enano de Amelie :P.
Piyuj.-
Ese es el verdadero valor de la historia De una historia de cualquiera de nosotros,el dinero y elementos de valor valen por ...lo que valen, pero los elementos que le dan el real valor a una historia son otros, son los que nos marcan emocionalmente de por vida.
pd.Excelente post como siempre.
ahhh, pensé que era tu anécdota!! Pero es hermosa igual, que gracioso lo de las haditas, cuando yo era chica también pensaba que Dios me miaraba hasta en el baño, crecí con mucha culpa.
saludos!
Una hermosa historia y el momento justo para contarla , con la Navidad tan cerca. Estoy de acuerdo, lo único valedero son las vivencias, los recuerdos. Gracias por compartirla.
Besos
Hola me gusto mucho tu blog y esta historia es muy emotiva
Esos recuerdos que son tan nuestro que valen momentos de tanta felicidad que nada ni nadie puede cambiarlo.
Gracias por compartir esto con nostros
Un saludo desde Uruguay
Qué forro, llevarse todas las haditas!
Si con una alcanzaba... en fin.
¿Viste el El Gran Pez?
(el nombre es horrible, pero está total-y-absolutamente relacionado con este bimestre, si no la viste TE ORDENO que lo hagas antes de que termine el bi-mes)
Las historias y los cuentos me fascinan. Y por sobre todo respeto -y envidio- a esas personas que son perfectos "contadores de anecdotas"
(de hecho el año que viene voy a empezar un taller de narrativa oral, para ver si puedo hacer algo digno con mi voz)
Bueno, me fui por las ramas!
nEl !
Es interesante plantearse también: ¿Qué haditas dejamos nosotros para que los demás cuenten una historia?. y ¿qué haditas tenemos hasta ahora de los demás?.
Piyuj: Me parece muy bueno que tengas una especie de amuleto que te acompaña a todas partes, en este caso un duendecito. Yo me acuerdo que cuando era más chico siempre iba por ahí con un comando, que eran unos muñequitos tipo GI Joe pero más chicos. Ahora ya perdí esa costumbre, pero la verdad es que la extraño :P
Hugo: Gracias! Es verdad que muchas veces los que les dan valor a la historia son los otros, los que ven lo que hacemos y son mas conscientes que nosotros de nuestros tics.
Lau: No, mi familia vive acá nomás, no en Portland :P
La historia es de Chuck Palahniuk, y no aclaré que fue un discurso con el que abrió un seminario que se hace cada dos años sbore escritura y contar historias. El tipo escribe obras de terror, muy muy inquietantes, pero como persona es la más amable que he visto siendo entrevistada, y esta historia está muy, muy lejos de lo que escribe.
Ah, como te decía, esto que transcribí era un discurso que dio, y en él el tipo decía que las haditas hasta en el baño, cuando hacías cosas "malas", lo que hizo que todo el mundo se riera, pero no pude trasladar eso al texto tan bien, pero veo que la idea del baño te quedó picando. Crecer con culpas y después perderlas mientras crecemos, ¿no?
Luna: No lo había pensado por Navidad, que no me mueve un pelo y solo me causa estrés por la reunión familiar, pero sí, se aplica :D
Patto: La vi en el cine cuando salió y me ENCANTÓ esa peli. Por lo general siempre miro las pelis con Ian McGregor porque me encanta como actúa (aunque últimamente la viene cagando) y por eso fui a ver El Gran Pez, no estaba preparado para semejante peliculón, casi lloro al final (dije casi eh)
Yo estoy como vos, respeto y envidio a esos grandes contadores de historias, aquellos que te hacen seguirlos por páginas enteras atrás de cualquier cosa, atrás de una historia fascinante y llena de cosas inesperadas y también atrás de la historia más mínima que se te pueda ocurrir, me encantaría tener esa capacidad.
Y ya que nos estamos recomendando cosas, Palahniuk escribió muchos libros que son lo bastante oscuros como para que te puedan interesar, como "Fantasmas", o "Asfixia". Te recomiendo Asfixia, o Monstruos Invisibles, y TE ORDENO que pongas a bajar YA el club de la pelea, estoy seguro de que esa película te va a volar la cabeza.
Transmutación: La verdad no lo había pensado, pero la verdad es que es muy interesante la pregunta. Yo tengo tantas porquerías en este cuarto mío que no sé si alguna vale algo como recuerdo, pero espero que sí.
Y alguna hadita tengo de lo demás, o por lo menos alguna historia patente que me haga acordar a ciertas épocas más tempranas. Pero tampoco tuve una infancia muy feliz (no hablemos de mi adolescencia tampoco) así que digamos que lo mejor de mi vida es el AHORA, es ESTE PRECISO MOMENTO, y eso me pone muy contento.
(creo que me fui un poco por las ramas)
Epa epa epa, ya la había visto!
(no entiendo cómo podes pensar que no la vi! :P )
Respecto a Asfixia, ya lo anote en un papelito que tengo acá, cuando pase por una librería me lo compro.
(Dps te comento)
Ahora, vos mirá Zeitgeist Addendum eh! (me pongo violento)
NeG (no estamos golpeando!)
Ya la miré eh, mucho antes de que pusieras el post sobre la peli
Debo confesar que no me gustó tanto como la primera, y no explica tan bien como se "genera" el dinero, pero es que es un proceso realmente complicado, y me parece perfecto que alguien se ponga las pilas e intente explicarlo, porque es verdad: creemos en el dinero como una nueva religión, pero no sabemos bien cómo "surge" y qué le da su "valor", cuando es su valor lo que determina el destino de nuestros países y de nuestra vida, a un nivel que es mucho más del que realmente estaríamos dispuestos a aceptar.
Pero la película está bien, digmaos que la primera era descriptiva y esta intenta ir más allá, intenta decirte que hagas algo, y eso no la hace tan universal, porque no vivimos en EEUU o en un país desarrollado y nuestro "hacer algo" está muy limitado, pero es igual de interesante.
Saludos! NeG
p.d.:El Club de la Pelea está basada en libro del mismo nombre escrito por Palahniuk, así que te podrás imaginar lo raro que es este texto que subì.
Si, es muy de fan poner un texto así y esperar que alguien entienda lo raro que es, considerando que mucha gente no lee tanto, y mucho menos a un autor algo "oscuro"
Me encanto.
Yo soy de guardar muhos amuletos y recuerdos.
Uno de los tesoros mas preciados, como amante del rock, son las entradas a cada uno de los muchísimos recitales a los que concurrí a lo largo de mi vida, junto con algún que otro souvenir.
Y cada uno guarda un recuerdo especial.
Muy buena la historia, te deja reflexionando.
Un abrazo.
Hola Juan!!!!
Que interesante lo que subiste sobre este autor...para entender, y no es que no lea ( lo que leo es otra cosa y seguro es por mi edad...jajajaja)tuve que leerte bastante y luego leer los coments.-
Me parece barbaro como hablas y explicàs tus puntos de vista...yo casi no tengo cosas guardadas de mi infnacia, tambien tuve una adolescencia para olvidar y creoq ue no me queda otra que vivir el hoy y ahora.
Esto me dejo pensando: cuanto más viejo te pones más te das cuenta de que el mundo no te apoya en reflexionar y poder leer entre líneas, y de verdad debo aplaudirlos por reconocer el valor que tiene una buena historia...yo quiero empezar a escribir, contar de mi, que se yo, algo asi como una biografia...pero nunca se como empezar y que apoyo puedo tener..porque leer, leer...lo hacen muy pocos.!
Me gustaria contar con tu amistad y seguir visitandote, falta que me des permiso, si? estoy hace poquito aqui..realmente poco...y creo que estoy encontrando lo que busco...amistad!!!
Buen lunes( te aclaro que algo de bola le doy a las fiestas, en realidad me deprimen y me parecen de lo peor,pero tengo un nene de 8 años que no tiene pq pagar mis rayes y lomotiva mucho el àrbol y papà noel...te aclaro,pq si me visitas ,vas a ver el arbolito...jejejejejej)
Un beso y un abrazo...hasta luego.
me encanto la historia
yo soy el tipo de persona que amontona porquerias como servilletas de restaurantes y papeles de golosina pq me los regalo x persona q me importa mucho
tengo hasta una copia de la llave de un depto q alquilamos con mis amigas un verano jajaj
saludos
cla
Ufa!
Recien llego!!! mal muy mal (para mi)
Me encantó esta historia, no es tuya no????
Ya vi quien es ese Chuck ;)
Yo soy cachibachera 100%, guardo cosas que me recuerdan epocas vividas y hay gente que no me comprende :(
Por eso me identifico con este relato porque yo también hubiera querido tener algún recuerdo de mi abuela.
Las Haditas nunca las vi, y no se como son pero me imagino que debieron ser muy especiales con eso de que Dios te mira a través de ellas.
Muy lindo post!!
P.D.: aun espero la foto jejejejeej.
Besos.
lo que sucede es que esos recuerdos son un trozo de nuestra vida. el dinero es dinero, importante claro, pero no crea una historia o sensaciones sobre algo, puedo comprarlo todo...pero sin ese plus.
guardo mi espada de he-man, las cartas que me mandaban mis familiares cuando vivía lejos, una remera de futbol de un equipo que habíamos formado con amigos (solo jugamos un partido y perdimos 10 a 3 -año 1994- estuvo divertido...me dieron ganas de escribir sobre eso)....y otras cosas más, pero esas son las que se me vinieron a la mente.
terminaste con los exámenes? espero que si.
veremos que escribís hoy.
saludos!!!
Tremendo texto...
Lo que importa son las historias que nos quedan en el recuerdo y en la memoria.
La verdad me ha gustado mucho este texto.
Así que el esribio el Club de la Pelea... interesante dato, muy buena pelicula...
Es chido pasar por tu blog Juan
Saludos
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