24 septiembre 2008

Intimidante intimidad [Actualizado]


¿Se acuerdan de la intimidad? Hasta hace unos pocos años, digamos, diez, era algo que no tenía ningún valor para nadie más que para uno mismo, ahora la intimidad es un bien más, como tantos otros, al que podemos acceder fácilmente. En algunos casos, ciertas personas han conseguido volverse conocidos por mostrar su intimidad.

No me refiero a cualquier intimidad: no me refiero a la intimidad de las “estrellas”, esas personas públicas (actores, políticos) lo han sido desde hace mucho tiempo, sometidos al escrutinio público en todo lo que hacen. Y no me refiero tampoco a la intimidad artifical de un reality show, donde se juntan a unas personas desconocidas en situaciones extraordinarias (ya sea ir a una jungla a “sobrevivir” o ir a una casa y permanecer encerrado en ella tres meses). Me refiero a una nueva intimidad que puede ser explotada: la intimidad de las personas comunes, la tuya, la mía.

Con la proliferación de los blogs, flogs y otras páginas personales, cada vez más lo que uno hace está expuesto a lo que los demás opinen, conociéndonos o no. Los flogs son en su mayoría espacios donde se muestran las fotos del usuario, y no fotos de, digamos, cosas que les interesan. También hay muchos blogs, no me animo a decir la mayoría, que se dedican a documentar la vida de alguien, un diario abierto.
En ellos, las personas exponen su día a día, y también exponen las cosas que les gustan: los discos que escuchamos, los libros que leemos, los instrumentos que tocamos (si tocamos alguno), nuestras ideas sobre los temas más punzantes, ideas que muchas veces ni siquiera nuestros padres y amigos saben que tenemos. A veces escondidos en el anonimato, a veces no.

¿Por qué nuestra intimidad está ahora por todas partes?

Por un lado, nos han vendido la idea de que somos lo que escuchamos, de que somos lo que tenemos, que todas las cosas que tenemos nos diferencian del resto. Ver a los objetos como una manifestación de lo que somos es una idea muy redituable cuando se está del otro lado del mostrador, porque implica que nos pueden vender algo y hacernos creer que por eso somos únicos, que somos diferentes*, cuando en verdad no estamos ni cerca de eso: tomar Coca Cola no dice nada de nosotros, escuchar discos que se venden por millones alrededor del mundo tampoco. Nuestras ideas, nuestra forma de ser, hablan más de nosotros de lo que cualquier objeto podrá hablar. Pero claro, nadie puede vendernos nuestra forma de ser.

Por otro lado, hay una necesidad de conectar con los demás. La vida en las ciudades, paradójicamente, encierra mucho más de lo que expande nuestro círculo de amigos, nos cuesta más conocer a gente, el concepto de “amigo” ha ido cambiando y se ha hecho más laxo con el paso del tiempo, porque no podemos conectar tan profundamente con las personas, muchas veces porque estamos demasiado enfrascados en nosotros**.
Entonces, de algún modo, la ciudad agobia, y nos sentimos más solos cuanto más rodeados, y como ya no creemos en los métodos tradicionales de conectar con las personas, optamos por otros (¿conocer a mi futura novia en un baile? ¿Estás loco? ¡Entro a Facebook a conocer minas!).
Y en estos medios, cuanto más mostramos mejor. No podemos crear un personaje, no podemos ser misteriosos, tenemos que ser nosotros. Podríamos ser un personaje, pero los personajes carecen de profundidad, y eso nos hace poco interesantes. Curiosamente, en la vida real sí podemos ser más un personaje: podemos mostrarnos más serios o más divertidos según la persona que nos rodee. En la web hay cierta unidimensionalidad: si sos serio llamará mucho la atención que un día no lo estés.***

También, de esta realidad agobiante, surge cierta necesidad de cierto reconocimiento: no queremos que la ciudad nos homogenice, que nos haga uno más. Por eso es que decimos a los cuatro vientos qué nos gusta y qué no, por eso es que los autos andan con las radios a todo volumen, para que todo el mundo se entere de qué escuchamos. Queremos ser diferentes en algo, mantenernos diferentes.

Antes, salíamos de nuestras casas para socializar, y dejábamos adentro nuestra intimidad. Ahora, salimos y somos herméticos al mundo, y mostramos nuestra intimidad desde la computadora que tenemos en casa.

Y a nadie le llama la atención.
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Dosis extra: Sobre el lenguaje.

Transmutación dijo:

Emmm, yo voy a quebrar una lanza por el muestrario de intimidad en la web, para decir que la gente escribe y lee más gracias a ésto.
Creo que de no ser por los fotologs, mi prima no hubiera tocado jamás una lapicera (o un teclado, para el caso concreto), y por más horrendo que sea lo que escribe, por lo menos ejercita en algo mínimo el marote.

Antes que vea Tinelli, prefiero que escriba FFeame.

Por otra parte, decir que antes se sociabilizaba más cae en la falacia de decir que todo tiempo anterior es mejor. Cambiar de cara según la persona del momento existe y existió toda la vida, hasta creo que antes se era más hipócrita que ahora, por lo menos ahora la gente es abúlica.

Apoyo las nuevas plataformas de escritura, porque de alguna manera, por más que sea revelando una intimidad que antes permanecía taimada, la gente pasa por ese proceso de pienso y estructura del pensamiento que de otra forma quedaba relegado a la superficialidad de la charla cotidiana pero sin sentido.

Sip, estoy contestataria, juasssss.

Mmm...me parece que la gente no escribe y lee más por leer la intimidad de alguien más en la red, me parece que internet sí ha estimulado que se lea más, y eso es bueno, porque solo leyendo seguido es que vamos "acostumbrando" al cerebro a pensamientos más complejos y ricos.

Pero al mismo tiempo, hay que tener mucho cuidado con cómo se escribe: es un tema que da para mucho, pero está comprobado que el lenguaje que hablamos moldea la forma en que pensamos, y no me parece que sea mala cosa escribir bien.
Si nos acostumbramos a escribir con abreviaturas bastante rebuscadas, al modelo mensaje de texto, y hablamos con demasiados anglicismos (FFeame), estamos perdiendo el lenguaje que tenemos, y el idioma español es uno de los más ricos que existen, mucho más rico que el inglés, del que conocemos muy poco. En países de Centroamérica hablan un español con un mayor vocabulario que acá, porque acá nos acostumbramos a utilizar palabras en inglés (incluso en ámbitos académicos) o inventamos palabras.
El tema es que si desde una temprana edad aprendemos que escribir así está bien, que es correcto, vamos perdiendo riqueza en el lenguaje, y vamos perdiendo también riqueza intelectual, porque no podemos seguir líneas de razonamiento más complejas: estamos acostumbrados a leer cosas cortas y directas, que no profundizan mucho, cualquier cosa mayor a dos páginas y salimos corriendo.

No creo que todo tiempo pasado sea mejor, ni mucho menos, no me considero un conservador, sino todo lo contrario, creo que el diccionario es el cementerio como decía Cortazar, pero no podemos relegar y aceptar que se descuartize al lenguaje, tenemos que enriquecerlo, no empobrecerlo.

Un artículo muy interesante sobre el tema, y que te recomiendo mucho, es "Is google making us stoopid?". No he podido encontrar una traducción.
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*Un post sobre cómo el marketing le pone precio a las cosas: La falacia de lo excepcional.

**Está mucho mejor explicado en otro post: Esta moderna soledad, parte 2

***También, mejor explicado en Esta moderna soledad, parte 1

21 septiembre 2008

¿Un diario intimo virtual?


He aquí la razón por la cual este blog no es "personal": dudo mucho que a alguien le interese realmente lo que le sucede en el día a día a otra persona que solo conocen a través de su blog.

Se supone que la idea general de un blog es que sea un diario abierto donde cada persona puede poner lo que quiera, y que algunos podrán comentar o no. Pero la verdad es que más bien pocos blogs son realmente diarios sobre la vida de una persona, donde se comente que hizo durante una salida con amigos, durante una tarde aburrida de domingo, etc. En mi caso en particular, visito tres blogs que se acercan a este estilo, pero siempre sus autores incluyen cierto grado de ambiguedad (no poner nombres, no poner fechas, no aclarar si eso sucedió de verdad o no) como para que la cosa no se vuelva "demasiado personal"

Esto puede suceder, supongo, por dos cosas: porque a las personas no les interesa tener un blog para postear su vida y que extraños los visiten (conozco un par de casos así), o simplemente porque consideran que su vida no es lo suficientemente interesante como para hacerlo el tema de incontables textos.

Hay, claro, personas que sí tienen blogs personales, pero en mi caso en particular esos blogs me aburren muchísimo, no le puedo encontrar el más mínimo interés a saber que "Vero salió con Pato, Vicky, Hugo y Mari y pasaron re bien en tal boliche" con lujo de detalles sobre lo que pasó esa misma noche. Me parece muy, muy aburrido enterarme de todo eso de un completo desconocido. Y encima en los comentarios aparecen los mismos Pato, Vicky, Hugo y Mari comentando diciendo que sí, que la noche estuvo espectacular...

A ustedes, ¿les gustan los blogs de ese estilo?

18 septiembre 2008

¿Voz y voto?

Son dos noticias que rondan por ahí, algunos ya las deben de haber escuchado. Es curioso que nadie las haya atado.

Por un lado: en una nota en el diario El País, aparecen un par de datos interesantes para los jóvenes de Uruguay: según estudios realizados en Montevideo, uno de cada cuatro personas menores de 29 no trabaja. Los que trabajan son el 35%, los que estudian son el 30%, y los que hacen ambas cosas son el 12%. Me imagino que las cifras en los países vecinos no deben de ser mucho más alentadoras.
La tasa de desempleo entre menores de 25 es de 20,7%, contra 5% en los mayores de 25.
Que uno de cada cuatro jóvenes no trabaje habla del futuro que nos espera, habla de cómo hemos manejado a la educación a través de la historia, siempre relegándola como ese gasto molesto, pero que es tan vital para que después se formen ciudadanos que tengan posibilidades reales de vivir bien, y también habla de cómo se ha manejado la economía, con golpes de timón cada cinco o diez años, dependiendo de a dónde lleven los vientos de la economía mundial en ese momento, sin una política firme que permita que el país crezca no por exportar lo que los demás quieran, sino por creer en sus propias personas.

Por otro lado, anda flotando hace unos meses la idea de que las personas puedan votar no desde los 18 años, sino desde los 16. Voto obligatorio desde los 16.

Realmente, no sé como tomarme esa segunda noticia.
Por un lado, puede ser una buena oportunidad para que los jóvenes finalmente tengan voz y voto, para que tengan un peso en el cuerpo electoral que haga que los políticos empiecen a fijarse en ellos, a cuidarlos más, a prometerles cosas.
Pero al mismo tiempo, yo con mis 21 años siento que a los 16 era un pelotudo, no me creo preparado para votar a alguien ahora, y mucho menos lo estaba a los 16, ¿qué tan buena puede ser mi decisión? Es más fácil confundir a un joven de 16, que puede tener poco conocimiento o interés en la política, y llenarlo de papelitos de colores y que vote a tal o cual. Se le pueden hacer millones de promesas y después, como siempre, no cumplirlas, pero en el caso de no cumplirlas tampoco habría que rendirle cuentas a nadie, porque los jóvenes podrán conseguir el voto, pero no la voz.

Y ni que hablar que los políticos deberían preocuparse de los jóvenes sin necesidad de un voto de por medio. Somos el grupo que está en peores condiciones, los más vulnerables, los que estamos luchando por tener algún status quo propio.

Que se busque primero el voto, sin haber hecho nunca nada realmente serio y comprometido por ellos, habla también de como son nuestros políticos.
Paz, fuera.

15 septiembre 2008

Rompiendo (mis propias) cadenas.


Sin dudas les debo una explicación. Una buena explicación. No soy del tipo de personas que dejan su blog a la deriva, intento que todas las semanas tenga algo interesante que haga que valga la pena visitarlo.
Y eso fue lo que logré hacer en los pasados cuatro meses del año: logré actualizar semanalmente con algo de lo que me interesaba realmente hablar…hasta que me quedé sin cosas que decir.
Mudo, silenciado. Simplemente, había explorado todos los grandes temas que quería tratar. Cada cosa que se me ocurría, ya la había escrito antes.

Si bien un blog no es precisamente un lugar donde se deba mantener un estilo (y ciertamente mi blog ha mutado ya muchas veces) me parece que hay por lo menos un compromiso con cierta calidad en un post, cierta intención de dar algo bueno de uno. Y cuando no damos lo mejor, se nota en la cantidad y la calidad de los comentarios que recibimos, no solo me pasa a mí, le pasa a un montón de blogs.

Posiblemente hubiera debido decir antes estas palabras, decir que me había quedado sin nada que decir, pero incluso eso era difícil, escribir era difícil.
Este es el primer intento de retomarlo. Creo que escribir es un acto que debe ser hecho con alegría, porque hacerlo por simple costumbre no complace a nadie, ni al que escribe ni al que lee.

Dentro de dos días, tendré algo que decir. Gracias por estar ahí.