
Miércoles. Me siento en la computadora. Quedaría más interesante visualmente decir que tengo una tasa de café acá, acompañándome, pero en verdad es un vaso de agua, ya media tibia.
Entro al blog y veo que el último post (cuando leas esto, el post anterior) tiene cuatro comentarios. Intento creer que no me importa, que está bien, que al próximo le irá mejor. Intento. En verdad, me frustro un poco, y así, con el ego herido, me arrastro al teclado de vuelta.
Pero por más que el teclado quiera, por más que el día lo demande, hoy no tengo nada que decir. O más bien: no tengo nada específico que decir.
Desde el lunes uno arranca a empezar: qué decir, qué decir, pero muchas veces no se encuentra que decir.
Iba a comentarles un párrafo que encontré por ahí, que me pareció muy interesante:
“Usualmente discutimos sobre la inequidad en los salarios de las personas en términos morales, pero también hay un lado práctico por el que se puede ver el tema: cuando todo el crecimiento económico que un país produce va para un grupo pequeño de gente rica, las estupideces pasan. Los ricos no pueden de ninguna manera consumir lo suficiente como para gastar todo su dinero, por lo que empiezan a buscar hacer algo, cualquier cosa, con todo el dinero que tienen de sobra. Y eso se da en una economía que sin embargo predica que la calidad de vida de todos está subiendo, por lo que los más pobres necesitan préstamos para poder mantener lo que serían las “necesidades de la clase media”, y es ahí a donde el dinero se va. Se sigue gastando, eventualmente, en cosas como autos o comida o muebles, porque eso es en lo que gasta la mayoría de la gente de clase media, pero en vez de ser gastado directamente por las personas que lo ganan, el dinero les es alcanzado a ellos por las clases altas, con más deuda y condiciones que hacen que cada vez más dinero termine yendo desde los pobres hacia los ricos en cada ciclo.
Eso, simplemente, no es sustentable. Un crecimiento de todos los ingresos medios no solo produce crecimiento, sino que produce crecimiento estable para todos, incluso los ricos. El crecimiento enfocado hacia los ricos produce, casi por su propia definición, un crecimiento insostenible. Las economías modernas están dirigidas por el gasto del consumidor, y si quieres que los consumidores gasten cada vez más, tendrás que aumentar sus ingresos. Toda la magia financiera nunca podrá cambiar eso.
Más allá de la justicia social, es por eso que la estadística financiera más importante de cualquier país es el aumento del ingreso medio. Si tienes ese aumento, estás en buenas condiciones sin importar lo que está pasando en el resto del mundo. Si no lo tienes, sos una república bananera.”
Y el artículo termina con una pregunta: ¿Cuál crees que nos hemos convertido? Está hablando de EEUU, y créanme, es una especie de república bananera. No es sostenible que la gente gane cada vez menos pero se pretenda que consuma cada vez más, o lo mismo a mayores precios, en algún punto el sistema colapsa. Parece sencillo, y lo es, pero se suele perder entre tanto palabrerío que está ahí para confundir.
La idea básica es: el mundo no se va a terminar si los salarios aumentan y las empresas ganan un poco menos. Repito: el mundo no se va a terminar.
Hoy en día de todo lo que se habla es de la “crisis de los mercados bursátiles”, en los noticieros te dicen que cerraron bajos, o que abrieron bajos pero repuntaron, como si eso significara algo para todos nosotros. En verdad, más que importarnos poco, nos puede afectar en algo, pero tampoco demasiado: la vida va a seguir su camino, con algunos más ricos y otros más pobres. Es lo mismo que cuando hablamos de inversiones en el país: van a hacer más ricos a los que ya son ricos en el país, pero la deuda que genera la pagamos entre todos. Pero no quiero hablar de economía, siempre que hablo de temas económicos se me duermen, dejan de leer, pierden el interés.
Entro al blog y veo que el último post (cuando leas esto, el post anterior) tiene cuatro comentarios. Intento creer que no me importa, que está bien, que al próximo le irá mejor. Intento. En verdad, me frustro un poco, y así, con el ego herido, me arrastro al teclado de vuelta.
Pero por más que el teclado quiera, por más que el día lo demande, hoy no tengo nada que decir. O más bien: no tengo nada específico que decir.
Desde el lunes uno arranca a empezar: qué decir, qué decir, pero muchas veces no se encuentra que decir.
Iba a comentarles un párrafo que encontré por ahí, que me pareció muy interesante:
“Usualmente discutimos sobre la inequidad en los salarios de las personas en términos morales, pero también hay un lado práctico por el que se puede ver el tema: cuando todo el crecimiento económico que un país produce va para un grupo pequeño de gente rica, las estupideces pasan. Los ricos no pueden de ninguna manera consumir lo suficiente como para gastar todo su dinero, por lo que empiezan a buscar hacer algo, cualquier cosa, con todo el dinero que tienen de sobra. Y eso se da en una economía que sin embargo predica que la calidad de vida de todos está subiendo, por lo que los más pobres necesitan préstamos para poder mantener lo que serían las “necesidades de la clase media”, y es ahí a donde el dinero se va. Se sigue gastando, eventualmente, en cosas como autos o comida o muebles, porque eso es en lo que gasta la mayoría de la gente de clase media, pero en vez de ser gastado directamente por las personas que lo ganan, el dinero les es alcanzado a ellos por las clases altas, con más deuda y condiciones que hacen que cada vez más dinero termine yendo desde los pobres hacia los ricos en cada ciclo.
Eso, simplemente, no es sustentable. Un crecimiento de todos los ingresos medios no solo produce crecimiento, sino que produce crecimiento estable para todos, incluso los ricos. El crecimiento enfocado hacia los ricos produce, casi por su propia definición, un crecimiento insostenible. Las economías modernas están dirigidas por el gasto del consumidor, y si quieres que los consumidores gasten cada vez más, tendrás que aumentar sus ingresos. Toda la magia financiera nunca podrá cambiar eso.
Más allá de la justicia social, es por eso que la estadística financiera más importante de cualquier país es el aumento del ingreso medio. Si tienes ese aumento, estás en buenas condiciones sin importar lo que está pasando en el resto del mundo. Si no lo tienes, sos una república bananera.”
Y el artículo termina con una pregunta: ¿Cuál crees que nos hemos convertido? Está hablando de EEUU, y créanme, es una especie de república bananera. No es sostenible que la gente gane cada vez menos pero se pretenda que consuma cada vez más, o lo mismo a mayores precios, en algún punto el sistema colapsa. Parece sencillo, y lo es, pero se suele perder entre tanto palabrerío que está ahí para confundir.
La idea básica es: el mundo no se va a terminar si los salarios aumentan y las empresas ganan un poco menos. Repito: el mundo no se va a terminar.
Hoy en día de todo lo que se habla es de la “crisis de los mercados bursátiles”, en los noticieros te dicen que cerraron bajos, o que abrieron bajos pero repuntaron, como si eso significara algo para todos nosotros. En verdad, más que importarnos poco, nos puede afectar en algo, pero tampoco demasiado: la vida va a seguir su camino, con algunos más ricos y otros más pobres. Es lo mismo que cuando hablamos de inversiones en el país: van a hacer más ricos a los que ya son ricos en el país, pero la deuda que genera la pagamos entre todos. Pero no quiero hablar de economía, siempre que hablo de temas económicos se me duermen, dejan de leer, pierden el interés.
Así que, sin más, me despido,
Hasta el próximo miércoles.






