29 octubre 2008

República bananera.


Miércoles. Me siento en la computadora. Quedaría más interesante visualmente decir que tengo una tasa de café acá, acompañándome, pero en verdad es un vaso de agua, ya media tibia.
Entro al blog y veo que el último post (cuando leas esto, el post anterior) tiene cuatro comentarios. Intento creer que no me importa, que está bien, que al próximo le irá mejor. Intento. En verdad, me frustro un poco, y así, con el ego herido, me arrastro al teclado de vuelta.
Pero por más que el teclado quiera, por más que el día lo demande, hoy no tengo nada que decir. O más bien: no tengo nada específico que decir.
Desde el lunes uno arranca a empezar: qué decir, qué decir, pero muchas veces no se encuentra que decir.

Iba a comentarles un párrafo que encontré por ahí, que me pareció muy interesante:

“Usualmente discutimos sobre la inequidad en los salarios de las personas en términos morales, pero también hay un lado práctico por el que se puede ver el tema: cuando todo el crecimiento económico que un país produce va para un grupo pequeño de gente rica, las estupideces pasan. Los ricos no pueden de ninguna manera consumir lo suficiente como para gastar todo su dinero, por lo que empiezan a buscar hacer algo, cualquier cosa, con todo el dinero que tienen de sobra. Y eso se da en una economía que sin embargo predica que la calidad de vida de todos está subiendo, por lo que los más pobres necesitan préstamos para poder mantener lo que serían las “necesidades de la clase media”, y es ahí a donde el dinero se va. Se sigue gastando, eventualmente, en cosas como autos o comida o muebles, porque eso es en lo que gasta la mayoría de la gente de clase media, pero en vez de ser gastado directamente por las personas que lo ganan, el dinero les es alcanzado a ellos por las clases altas, con más deuda y condiciones que hacen que cada vez más dinero termine yendo desde los pobres hacia los ricos en cada ciclo.
Eso, simplemente, no es sustentable. Un crecimiento de todos los ingresos medios no solo produce crecimiento, sino que produce crecimiento estable para todos, incluso los ricos. El crecimiento enfocado hacia los ricos produce, casi por su propia definición, un crecimiento insostenible. Las economías modernas están dirigidas por el gasto del consumidor, y si quieres que los consumidores gasten cada vez más, tendrás que aumentar sus ingresos. Toda la magia financiera nunca podrá cambiar eso.
Más allá de la justicia social, es por eso que la estadística financiera más importante de cualquier país es el aumento del ingreso medio. Si tienes ese aumento, estás en buenas condiciones sin importar lo que está pasando en el resto del mundo. Si no lo tienes, sos una república bananera.”

Y el artículo termina con una pregunta: ¿Cuál crees que nos hemos convertido? Está hablando de EEUU, y créanme, es una especie de república bananera. No es sostenible que la gente gane cada vez menos pero se pretenda que consuma cada vez más, o lo mismo a mayores precios, en algún punto el sistema colapsa. Parece sencillo, y lo es, pero se suele perder entre tanto palabrerío que está ahí para confundir.
La idea básica es: el mundo no se va a terminar si los salarios aumentan y las empresas ganan un poco menos. Repito: el mundo no se va a terminar.

Hoy en día de todo lo que se habla es de la “crisis de los mercados bursátiles”, en los noticieros te dicen que cerraron bajos, o que abrieron bajos pero repuntaron, como si eso significara algo para todos nosotros. En verdad, más que importarnos poco, nos puede afectar en algo, pero tampoco demasiado: la vida va a seguir su camino, con algunos más ricos y otros más pobres. Es lo mismo que cuando hablamos de inversiones en el país: van a hacer más ricos a los que ya son ricos en el país, pero la deuda que genera la pagamos entre todos. Pero no quiero hablar de economía, siempre que hablo de temas económicos se me duermen, dejan de leer, pierden el interés.

Así que, sin más, me despido,

Hasta el próximo miércoles.

23 octubre 2008

Indefinible definición


"Cuando uno lee hay que preguntarse ¿Qué es lo que hay debajo de todo eso? Y ¿por qué él no nos ha dicho lo que había debajo? Entonces, una vez más, comprendan: por definición, cuando escribimos algo, no podemos al mismo tiempo explicar lo que hay debajo. Le corresponde al lector encontrarlo. Ahora, ¿qué es lo que hay debajo de esto? " (Deleuze)


Este texto (que le he robado a Lau) me parece la manera perfecta de empezar este tema: las palabras, como todos saben, tienen su significado, simbolizan algo, hablan de algo. Muchas veces usamos y vemos que se usan en los diarios palabras de las que no conocemos realmente el significado. Y no me refiero a palabras difíciles, o pomposas, sino palabras comunes como rating (el rating es una medición de cuántos miran un programa, ¿pero medido cómo?, ¿en qué ciudades?, ¿en qué barrios?) y también otras palabras más difíciles de entender como neoliberales, neoclásicos, comunistas, marxistas, etc.

Es este segundo grupo de palabras el que me da un dolor de cabeza, porque lo veo usado con bastante soltura, pero sin mucha explicación. Es muy fácil tildar a alguien de comunista, es una forma muy amplia y muy sencilla de no decir nada. En todo caso, los políticos que la utilizan buscan un efecto: ya sea para decir que defienden cierta moral y ciertos valores, o ya sea que un político de derecha la use despectivamente.
Son términos cargados de mucha ambigüedad, y me parece que cargan con esa ambigüedad porque la realidad no puede ser explicada con tanta facilidad: en un tiempo, esas palabras servían para describir, a grandes rasgos, al mundo que nos rodeaba, a las ideas que rondaban por acá y por allá, y servía para que una persona que entendía poco del tema pudiera familiarizarse con él. Esas palabras educaban.

Hoy en día pasa lo contrario: se usan indiscriminadamente, pero hablan de un mundo que ya no existe. Ya no podemos hablar de liberales y de estatistas, simplemente no es tan sencillo dividir al mundo. Los matices son mayores, los viejos políticos de izquierda han hecho cosas que parecen sacadas del libro de los de derecha, y viceversa. Ya no podemos creer en el cuco del comunismo, pero creemos (o nos quieren hacer creer) en el cuco del terrorismo.

El mundo no es un lugar tan sencillo, no podemos decir "capitalismo" con desprecio porque es el mundo en que vivimos, el tema es que hay un capitalismo donde el Estado es una molestia como en Estados Unidos y hay un capitalismo donde el capitalismo tiene lugar porque el Estado así lo deja, y donde se controla mucho a las empresas para asegurarse un estado de bienestar mínimo, como en Europa.
Tampoco podemos hablar de "comunismo", porque la utopia de que el comunismo funciona como gobierno ha caído. Un país comunista como China defiende la propiedad privada y priva de libertad a sus ciudadanos, por cualquier método necesario. Cuba también plantea un gobierno donde la oposición no es bienvenida.

En todas esas palabras se esconden cosas buenas y cosas malas, pero no nos solemos preocupar por eso. Esas palabras, como dije, ya no explican al mundo, en todo caso, explican el mundo que fue. Nos corresponde a nosotros, mal que nos pese, buscar explicar el mundo que nos rodea de alguna manera que tenga sentido, de alguna manera que suene verdadera, porque cada vez que siento esas palabras, noto algo de falsedad, algo que me dice: no, las cosas ya no son así.

15 octubre 2008

Lo real y lo invisible.

Este post se enmarca en las actividades del Blog Action Day. Si quieres saber más, hay un link al final del post.
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Hay cosas de las que no queremos hablar. Podemos ponernos altruistas pero es un hecho inevitable, parte de estar en esta sociedad: hay cosas de las que, como sociedad y cada uno en su vida, prefiere no hablar.

Uno de esos temas es la pobreza.
Pero antes que nada, quiero que luches contra lo que tu cerebro acaba de hacer: tu cerebro acaba de crear una cuadrícula en tu cabeza, donde incluyó todas las nociones de pobreza que tienes. Encasilló tu pensamiento. El tema ya está zanjado en tu mente, ya no necesitas seguir leyendo, ya sabes lo que voy a decir. Esa es una forma bastante interesante de indiferencia, que todos utilizamos.

Quiero que te imagines lo que es pasar hambre. Pero no el hambre que se calma comiendo algo cuando lleguemos a casa, sino un hambre que no podemos calmar ni en casa. Esa noche no hay comida. Mañana, no se sabe. Esta noche te tienes que ir a acostar sin comer, porque no hay nada para darte.
El resto de las imágenes, como tener que salir a trabajar para traer unos pesos para que tus padres no te golpeen, vivir rodeado de personas hostiles, o pasar frío en una casa hecha de cartón y chapa, prefiero que cada uno se los imagine: la mejor forma de azuzar la imaginación es con un buen relato, aún mejor si nosotros mismos los inventamos.

La pobreza, o mejor, los pobres, existen, están cada día en nuestro camino a los lugares a los que vamos. Están pidiendo monedas, están buscando cosas en la basura. Cuando los vemos, los esquivamos, o les somos indiferentes. A veces los sentimos, mal me pesa decirlo, como una molestia con la que nos cruzamos en el camino.
Pero son tan reales como nosotros, son parte de este país, son 250.000 personas viviendo en asentamientos, en un país de 3 millones. O sea: son un grupo realmente grande de gente.

Y son reales, pero los creemos invisibles: piensen un poquito en qué es lo primero que se hace cuando se viene una crisis: salvemos los bancos. No importa cuánto cueste, no importa a quién le tengamos que pedir (y eso implica: no importa qué concesiones tengamos que hacer), tenemos que conseguir dinero para salvar los bancos. Y las grandes instituciones financieras están dispuestas a recibirnos, y a darnos dinero. En la crisis del 2002, pedimos un préstamo por 743 millones de dólares (repito: 743 millones de dólares) para salvar a los bancos, y al final unos cuantos se fundieron. Ahora Estados Unidos ya lleva gastados más de 1000 millones de dólares en salvar también sus bancos.
Pero cuando se habla de gastar en planes sociales, en viviendas, o en educación, no hay dinero. El dinero mágicamente desaparece, o se habla de mantener un “presupuesto equilibrado”, tecnicismos que ocultan una sola realidad: no se quiere gastar más en esos temas.

¿Y por qué no se quiere gastar más en esos temas? Ojalá tuviera una respuesta. Y creo que si la tuviera, no sería una respuesta satisfactoria. En verdad, nadie puede dar una solución sencilla y razonable, porque no hay ninguna. Desde el punto de vista económico, podemos decir que los pobres son muy improductivos, por lo que gastar dinero en ellos es un despropósito. Desde el punto de vista humano, no nos podemos poner tan economistas.

Lo que sí debemos saber es esto: para que haya cada vez menos pobres, no podemos depender de la ayuda de iluminados. El Banco Mundial o el BID no van a venir a salvarlos. Las ONGs harán lo más que puedan, pero no será suficiente. Los iluminados tenemos que ser los que vivimos acá, los que conocemos lo que es vivir en estos países donde la pobreza parece un “mal necesario” para asegurarnos de que vengan inversiones a conseguir mano de obra barata. Debemos ser nosotros.

Y hay muchas cosas para hacer, pero la primera que debemos hacer es darnos cuentas de la realidad en que vivimos, darnos cuenta de que los pobres son parte de este país, que muchos nacieron en esas pésimas condiciones y que difícilmente podrán durante su vida aspirar a algo mucho mejor. Reconocer la pobreza, hacerla un tema en la boca de todos, hacerlo parte de las conversaciones casuales y no tan casuales que tenemos. Y no creer en los tecnócratas que dicen que no se puede gastar en eso, que argumentan crisis enormes e infinitas si se malgasta el dinero: eso no es malgastar el dinero, malgastarlo es defender los capitales especulativos que ya han dejado en crisis a este país más de una vez.

Porque la realidad es que hemos levantado un muro alrededor de este tema, un muro invisible pero que existe, y es cada vez más alto, porque ya casi no notamos lo que está del otro lado. Ya va siendo tiempo de derrumbar ese muro.


13 octubre 2008

Hojas sueltas, #2



Uno a veces tiene esos momentos extraños en los que todo parece más claro, todo parece más sencillo. Los colores se iluminan y podemos distinguir uno del otro con extrema facilidad, y los pensamientos fluyen por la mente más rápido de lo que podemos razonar, por lo que nos terminamos encontrando con pensamientos con vida propia, que son nuestros pero no parecemos nosotros.
Hay alguien escondido dentro de cada uno, alguien que cada tanto sale a la luz y que nos asusta, pero no en un susto malo, en un susto alege, si eso existe: ese Otro somos también nosotros.

Yo que se, puede que sean epifanías.

Me acuerdo claramente la última vez que me pasó eso, fue hace ya bastante tiempo, el año pasado. Una tarde me bajaba del 183, y venía hacia casa, y pasé por un kiosco de esos poco cuidados, un poco sucios y un poco a punto de cerrarse. Se me ocurrió lo siguiente:

"Somos dos revistas que han pasado demasiado tiempo al sol y se han puesto amarillentas, todo lo exótico y raro, todo lo que nos distinguía y nos hacía únicos, se lo llevó el sol, que nos dejó pálidos y cansados y amarillos, esperando que alguien nos saque de la vidriera y busque en las páginas interiores a ver si seguimos guardando algún brillo en nuestro interior"

Es algo que hace dos minutos no venía pensando, algo que se me ocurrió pero no se me ocurrió a mí, que vino de por ahí. Terminó en cuento (que está acá)

Creo que todos hemos tenido momentos así, será cuestión simplemente de dejar abierta la ventana, para que el inconsciente nos domine por un rato.

06 octubre 2008

Hojas sueltas, #1

Lunes 6, 14:16

Este blog empezó con una frase similar, hace ya cuatro años, una vida entera de tiempo virtual. Durante un año, me dediqué a contar las menudencias de mi vida. Estaba aburrido y solo, y tener un blog me parecía, y me parece, fascinante. Pero no entendía que lo más valioso de tener un blog no es el blog propio, sino los ajenos: no visitaba a nadie. Y por lo tanto, nadie me visitaba a mí. Por eso actualizaba una vez por mes: no podía aguantar el “0 comentarios” después de cada post, que no se iba nunca. No importa lo que digamos, a todos nos gusta que nos comenten.

Como pueden notar, cambié de vuelta el template. Es el sexto cambio por lo menos. Este me gusta más que los anteriores. Si algo he aprendido con tantos cambios es que cuanto más sencillo el blog, más fácil de leer y de personalizar. En definitiva, cuando entras a un blog que no conoces, ni miras las barras del costado: miras el texto, lees un rato, y si te gusta te quedas. Y si te visitan, vuelves, y te vas haciendo amigo de un desconocido que escribe de forma fascinante.
Espero que este template les guste, por lo menos más que el anterior, que la verdad es que lo modifiqué todo lo que pude intentando que estuviera bueno pero no me quedó muy interesante que digamos.

En verdad no tengo nada que contar. Quería escribir yo, dejar de lado la careta que uno se pone para escribir los posts (porque uno siempre hace un personaje, un personaje que se va construyendo muy despacio, que creemos que es igual que nosotros pero no lo es: cobra vida propia, y en poco tiempo salen de nosotros palabras que antes no pensábamos escribir, y tienen coherencia, y tienen una línea lógica: ese otro somos nosotros, para nuestra sorpresa).
Ahora estoy estudiando para un parcial, de una materia de Administración, de esas que hablan del mundo ideal que las empresas deberían crear para sus empleados y para la sociedad. Son letra muerta, bien sabemos todos que la realidad tiene poco que ver con esos manifiestos de buena voluntad que dicen ser las empresas. Es casi chistoso entrar a la página de cualquier empresa y leer lo que está por ahí como “responsabildad social”. Inténtenlo, es intragable.

Como sea, debo volver a la lectura de cosas aburridísimas. Espero que no se hayan aburrido leyendo estas líneas, no se si necesitaba que alguien las leyera tanto como necesitaba escribirlas. Podría armar otro blog para dejar esto escrito, pero he descubierto que no puedo tener dos blogs, me es imposible mantenerlos a los dos actualizados, así que olviden todo lo que pensaban de mí: yo soy también otra cosa, un monstruo de dos cabezas, aunque más correcto sería decir que soy un monstruo de dos mentes. No se asusten si encuentran contradicciones en mí.

Seguiría escribiendo, pero para eso ya habrá tiempo.

Saludos, nos estamos leyendo.

Juan.

01 octubre 2008

Las verdaderas razones.


Lo que voy a escribir a continuación no es una idea mía, y quiero compartirla porque es una idea que me parece que es de ésas que te abre los ojos, y te lleva a darte cuenta cuán crédulos podemos ser:

Nosotros, las personas, creemos en las marcas. Las podemos ver como "cosas vivas", les damos una personalidad: asociamos a Nike con algo energético y moderno, asociamos Apple con aparatos de última tecnología que son cool y ultra modernos, asociamos a Converse con zapatillas para las personas con personalidad propia.
En verdad, estas marcas no son nada, detrás de ellas hay en todas lo mismo: un montón de edificios donde se trabaja buscando abaratar costos y conseguir ganancias. Conseguir ganancias cada vez mayores, cada vez más estables, dentro de lo que permite la ley (y a veces por fuera de ella).

Solemos creer que las empresas están ahí para solucionarnos la vida, que son como un amigo invisible que nos ayuda porque se interesa por nosotros. Eso no es cierto, las empresas están ahí para ganar con nosotros. Si hoy ganan haciendo celulares, lo harán, si mañana no ganan, no los harán más. Si hoy ganan teniendo la fábrica acá, la tendrán acá, y mañana se irán si en otro país es más barato. Si hoy les da algún beneficio considerar al medio ambiente, lo harán.

Solemos creer que las empresas están ahí para nosotros, y no es cierto, las empresas están ahí para sus accionistas. No responden frente a la sociedad, responden frente a una porción insignificante de la sociedad que solo quiere una cosa de la empresa: dinero.

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> Agregado 1:
Entrevista a Joel Bakan, autor del libro que dio origen al documental "La Corporación"

"La corporación está diseñada para hacer todo lo que pueda hacer para crear riqueza para sus acccionistas, y cuando eso se combina con los avances tecnológicos, podemos tener problemas. En la década del 40 la ciencia descubrió muchos usos variados para el petróleo, por lo que empezó la manipulación de químicos para producir una gran cantidad de cosas, desde pesticidas a papel celofán, que son muy tóxicos, tóxicos para las personas, y muy tóxicos para el medio ambiente, y una vez creados es muy complicado eliminarlos completamente.
Las coroporaciones manejan todas estas tecnologías que producen productos altamente tóxicos, y no cuentan con ningún tipo de estímulo para pensar "espera, de repente deberíamos trabajar con más cuidado o producir menos para no contaminar tanto", las corporaciones no están pensadas para eso, no están programadas para eso, sino que dicen "produzcamos más, así podemos vender más. No estamos preocupados por las consecuencias, y no podemos estar preocupados".

La idea es que el gobierno es el que debe preocuparse, que es quien debe crear regulaciones que impidan que se contamine el ambiente o que se perjudique a las personas. El problema es que por los últimos 30 años hemos estado viviendo en un contexto que nos dice que cualquier regulación es mala, que desregular es lo mejor.

Entonces, tenemos por un lado a una institución que está creando sustancias tóxicas que contaminan al ambiente, y que es incapaz de regularse a sí misma, y por otro lado tenemos al gobierno, lleno de personas cuyas campañas fueron financiadas por empresas, diciendo que es mejor levantar las ya débiles regulaciones que existen para proteger al medio ambiente y a las personas. Esa es la ecuación a la que nos enfrentamos hoy en día, y lo que yo digo en mi libro (y en el documental) es que esto es una locura. Si realmente entendemos la naturaleza de una corporación, nos daremos cuenta de que es un pequeño monstruo al que debemos apretarle la correa.

No podemos decir que las corporaciones son malas, si fuéramos precisos, deberíamos decir es que no tienen moral y que son peligrosas, tildarlas de malas no nos lleva a ninguna parte. El problema es que nosotros, como sociedad, le estamos dando cada vez más poder, y nos estamos perjudicando a nosotros mismos."

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Si tienen tiempo y ganas, bájense el documental "La Corporación", los llevará a ser conscientes de cosas que hoy por hoy aceptamos como normales, pero que no lo son.
Acá les dejo el link para el torrent: click acá