07 noviembre 2009

Sin título/2






Era jueves de tarde. Estaba sentado en el balcón fumando un cigarro cuando sonó el teléfono.

-¿Qué haces vieja? -el grito de Martino me hizo apartar el teléfono unos centímetros de la oreja.
-Nada...pensando.
-¿En qué?
-Nada en particular. -respondí desganado.
-Estar solo en tu casa no te hace bien. Tengo algo que mostrarte, paso a las nueve por tu casa.

Y antes que pudiera contestarle algo, me cortó.
Martino tiene la costumbre de andar en cosas raras, uno nunca sabe con qué puede salir. La última vez que tuvo que “mostrarme algo” terminamos viendo una lucha en el barro entre dos tipas. Por alguna razón, eso le parecía gracioso. No excitante, no estimulante, simplemente gracioso. A mí ni me fue ni me vino, fue el mismo fin de semana que Mariana se fue, un fin de semana desconcertante.
Me preparé un café, dos tostadas, y un whisky, y me senté de vuelta en el balcón. El café y las tostadas se fueron rápido, pero el whisky quedó esperándome un largo rato. Martino tenía razón, pasar tanto tiempo solo me iba a hacer mal, pero qué más remedio. Cuando me di cuenta de que iba a empezar a pensar en aquello en que no quería pensar, bebí el primer trago de whisky. Ya estaba tibio, y casi podía sentir cómo la garganta se resentía por el paso del alcohol. Esa era la idea.
Ya era de noche cuando el timbre me despertó. Todavía estaba sentado en el balcón. Me dolía todo el cuerpo. Al pararme me mareé un poco. Estoy quedando viejo. No llegué a la puerta cuando ya tenía a Martino al lado mío.

-Te van a robar un día de estos, es muy fácil entrar a tu casa, cualquier vecino te abre y tú nunca cierras la puerta.
-Derepente estoy esperando a alguien, inconscientemente, ¿no? -Martino no me contestó, simplemente miraba hacia abajo. Me conocía lo suficiente como para no seguirme en esos juegos mentales.
-¿Vamos?
-¿A dónde? -pregunté. No obtuve respuesta. Me paré, me puse la campera, y salimos.

Después de caminar unas quince cuadras, Martino me indicó una casa vieja. Tenía un patio adelante lleno de un pasto tan alto que parecían raíces de algo subterráneo. No estaba iluminada por fuera ni por dentro. Abandonada.
-Bienvenido a la cueva -dijo Martino.
-¿De qué estás hablando?
-Entremos -dijo, y acto seguido abrió la reja que separaba a la casa de la calle.

Al principio quedé inmóvil, pero después decidí seguirlo. Llegó a la puerta y sacó un manojo de llaves. Destrancó la puerta y la empujó. La puerta crujió, como desperezándose de una larga siesta. No podía ver nada, solo seguía la voz de Martino que decía “por acá, por acá”. Llegamos a una habitación grande. Martino estiró su mano y cinchó una cuerda que hizo que una pequeña bombita diera una luz apagada. Empecé a recorrer el lugar con la vista: las paredes estaban despintadas y tenían un color amarillento como el de hojas de libros viejos. Había una ventana que daba a lo que parecía ser un patio trasero, donde apenas distinguía las hojas de árboles enormes. Había, también, una vieja tele blanco y negro que reconocí enseguida: la tenía Martino en su cuarto; un sofá viejo y hundido al medio, y discos desparramados alrededor de un equipo de música.

-Un amigo que trabaja en una inmobiliaria -empezó a decir Martino- me comentó que había una casa que, por líos familiares o algo así, no podían alquilar nunca, y entonces decidí venir a verla. Después me dije “¿por qué no aprovecharla?” y me fui trayendo cosas de casa. Es cómodo, hay luz acá y en el baño, y nadie se ha quejado por los ruidos...por ahora.
Me quedé mirándolo. No sabía que decirle.
-Y bueno -siguió hablando- vengo acá a descargarme cada tanto, ¿qué te parece?
Seguía mirándolo sin poder decir nada.
-Es...interesante -dije.


Me senté en el sillón. Martino corrió una sábana gigante que escondía debajo una heladera pequeña. Sacó hielo y lo sirvió en dos vasos, a los que agregó whisky en abundancia. Salud, me dijo, mientras me alcanzaba un vaso. Lo agarré. Puso música, The Yardbirds creo, y se sentó al lado mío. El sillón estaba mirando a la tele, pero estaba apagada. Estábamos, básicamente, mirando hacia la nada.
Le conté a Martino sobre la morocha que había conocido. Me escuchó sin decir nada, hasta que paré de hablar. Cuando terminé, me dijo “cogétela”, y empezó a reírse. Yo también me reí. No había ninguna razón para no hacerlo. Estábamos borrachos.




El viernes desperté de tarde. Había un poco de resaca flotando en mi cabeza, nada fuera de lo normal. Me levanté y fui al baño. Tropecé con un par de botellas vacías. Tenía que ordenar el cuarto.
Fui a la cocina y preparé arroz. Le puse un huevo frito encima y, como toque de gracia, entreveré un par de fetas de panceta ahumada. Menú de soltero. Aguantate, le dije a mi hígado. Me puse los lentes de sol y salí a la terraza con el plato de comida y una botella de cerveza.
Cuando ya estaba en el cigarro de después de comer, sonó el teléfono. Atendí.

-Hola, le hablo de la inmobiliaria Minras, queríamos saber si sigue interesado en el apartamento que vio el lunes. -Era la voz muy impersonal de una chica que debía de soñar con trabajar de locutora.
Lo pensé. La ratonera había causado una impresión bastante buena en mí. Su precio aún más.
-Si, estoy interesado -dije, y carraspeé, ya que apenas me salieron las palabras. Las primeras palabras del día siempre parecen venir de otra parte.
-Entonces, ¿quisiera ocuparlo el mes que viene?
-Si, me sirve -obviamente era el único al que le había gustado el apartamento.
-Excelente, venga a firmar el contrato y le entregamos las llaves.
Colgué el teléfono.


Esa tarde llamé a una casa de remates y les dije que tenía unas cuantas cosas que vender. En la semana pasarían a buscarlos. Les dije que cuanto antes mejor. Quería irme de aquella casa cuanto antes.
El resto de la tarde me la pasé sacando las viejas cajas de la mudanza anterior, armándolas, y llenándolas con ropas, libros y discos. Las cajas tenían escrito lo que antes habían guardado. La letra era de Mariana. Me sorprendió verla. Había empezado a olvidarme de esa caligrafía.
Nos habíamos mudado a este apartamento hace dos años, un día de abril en que hizo mucho calor. Estábamos felices como dos niños chicos, nos parecía que nos íbamos a comer el mundo, que todo iba a ser fácil. La ignorancia es una bendición. Dos años después estaba yo solo, guardando solo lo esencial, y el resto se iba a remate. Empezó a llover débilmente. Malditas metáforas. Me pasé la manga del buzo por los ojos.




5 Tienen la palabra:

JuanT dijo...

Espero con ansias sus críticas que destrozarán el texto...
...o no

transmutacion dijo...

No te lo voy a destrozar, solo te voy a decir que para cambiar de escena no necesitás pasar raya (si no tendrías que hacerlo también no solo cuando cambiás de lugarm sino además cuando entra o sale un personaje).

Están buenos, no se si es que andás con ganas de escribir, o más bien es que los estás rescatando de algún lado, pero están buenos =)

JuanT dijo...

Paso raya porque empiezo y termino lo que quiero contar (usualmente pasa un día) y después escribo más, hasta quedarme sin nada que decir.
Ando con ganas de escribir sí, porque la verdad que me queda muy poca cosa "en archivo" que no haya publicado.

Slds!

manu dijo...

Acá lo fuckin terrible es que me siento filmado o parte del personaje, los desamores, la resaca y las cuestiones insólitas.

Bien narrado Juan, fluido …eso hace que sea entretenido y no una patada en el bajo vientre, pero (pero) me quedé con ganas del encuentro con la muchacha!!!, si él se encuentra con ella, entonces…quizá yo también…vamos hombre!!!

Abrazo pibe!

Patto dijo...

Sí! Yo también me quedé con ganas de que aparezca la morocha (pero es un deseo que proyecto de mi vida personal, esta distancia le va perfecta al relato, le da profundidad)

Muy bueno todo, quiero saber como sigue!
Y, para no perder la costumbre, te paso dos detalles que me distrajeron del flujo de acontencimientos.

Aca no se si es una diferencia cultural, pregunta: allá hablan de "tu"? Porque en este lado del charco no suena muy verídico cuando martín le habla de "tu" al entrar al departamento.

"Un pasto tan alto que parecían raíces de algo subterráneo" es una imagen que no colabora con la descripción del lugar (bah, mi cabeza fue a lo subterráneo, y dejé de ver el pasto y la casa), eso, sumado con el nombre la cueva, estaba esperando que se metan en un sótano o algo así :P

NeL!

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